Igualdad de género, una tarea pendiente

Las elecciones Presidencial, Parlamentarias y de Consejeros Regionales de noviembre próximo han reabierto el debate en torno a la presencia de la mujer en espacios de decisión. Si bien las mujeres, a lo largo de la historia, han hecho valiosas y vitales contribuciones en los campos del saber, la creación y la política, su aporte sigue siendo insuficientemente visibilizado. La obra de intelectuales de la talla de Rosa Luxemburgo, Marie Curie, Frida Kahlo, Virginia Woolf, Gabriela Mistral, Simone de Beauvoir y Rigoberta Menchú, entre otras, no pasa desapercibido al desarrollo de la política, las artes y la ciencia. Sin embargo, las mujeres que han tenido éxito en estos campos han sido persistentes, obstinadas, rebeldes e independientes, cualidades profesionales que son bien valoradas cuando se trata de varones, pero no siempre consideradas como virtudes al momento de juzgar el desempeño de las mujeres.

El mayor desafío de las mujeres ha estado en romper con un prejuicio histórico, que itera sobre sus “inferiores” capacidades intelectuales. En su obra La descendencia del hombre y la selección en relación al sexo (1871), Charles Darwin declaró que la igualdad de género era imposible porque “las facultades intelectuales” son “siempre superiores en los varones que en las mujeres”. Los varones son simplemente mejores –en palabras de Darwin– en sagacidad, razón, imaginación, o el mero uso de los sentidos y de las manos”, porque sus cerebros, durante el proceso de evolución, se hicieron superiores debido a la necesidad de ser eficientes cazadores recolectores.

Aunque el panorama intelectual ha cambiado y hoy en día hay muy pocos científicos dispuestos a ratificar los dichos de Darwin, las instituciones formativas, en su historia, no escaparon a este prejuicio. Recién, a mediados del siglo XIX se comenzaron a eliminar las normas que prohibían el ingreso de las mujeres a las universidades y, décadas más tarde, se les concedió la posibilidad de realizar postgrados, con lo cual, por primera vez, tuvieron la opción de convertirse en investigadoras y profesoras universitarias. La insigne Gabriela Mistral, en un breve texto de juventud, “La instrucción de la mujer”, publicado en La Voz de Elqui el 8 de marzo de 1906, señala: “Instrúyase a la mujer; no hay nada en ella que le haga ser colocada en un lugar más bajo que el del hombre. […] Tendréis en el bello sexo instruido, menos miserables, menos fanáticas y menos mujeres nulas”.

La defensa de Mistral a las mujeres poco a poco ha logrado tener éxito, pero junto a la falta de acceso a los espacios formativos y de toma de decisiones, los logros científicos y académicos de las mujeres han sido invisibilizados.

Tradicionalmente, las mujeres han sido relegadas a los papeles secundarios en la producción y autoría científica, incluso, a veces, sus descubrimientos han sido asignados a colegas varones. Así lo narra, por ejemplo, la película estadounidense Talentos ocultos (Hidden Figures, 2016), que recupera la historia real de las matemáticas afroamericanas que fueron clave, en la década de los 60, para que la NASA pudiera enviar al primer hombre a la luna.

A pesar de las mejoras generales en materia de igualdad de género en todo el mundo, persisten las asimetrías. Mientras que el número de mujeres que se gradúan de las universidades, en la mayoría de los países de OCDE, es superior al de los varones, sus contribuciones siguen siendo inferiores, por ejemplo, en la autoría de trabajos académicos y científicos. Este escenario da la razón, una vez más, a Simone de Beauvoir, quien afirmó que “el gran hombre nace de la masa y lo arrastran las circunstancias, pero la masa de las mujeres queda al margen de la historia, y las circunstancias son para cada una de ellas un obstáculo y no un trampolín”. En el fondo, no es la supuesta “inferioridad de las mujeres” la que determina su desatención histórica sino, por el contrario, la desatención histórica condena a las mujeres a la inferioridad.

Como han mostrado diversos estudios, los problemas de la desigualdad y falta de equidad no es un asunto individual, sino que está profundamente arraigado en la estructura de la sociedad. La desigualdad de género se hace manifiesta en la estructura del matrimonio y las lógicas familiares, en el trabajo y la economía, en la política y en la religión, en las artes y otras producciones culturales, incluso en el mismo idioma que compartimos. Hacer que mujeres y varones tengan los mismos derechos y oportunidades, requiere soluciones sociales y no individuales.

Desde mediados del siglo XX, la proliferación de los movimientos feministas ha impulsado el debate en torno a los mercados de trabajo y a la desigualdad salarial entre los géneros, junto con reivindicar la participación de las mujeres en puestos de dirección en ámbitos profesionales, gobiernos e instituciones culturales. Muchas organizaciones se han comprometido en esta lucha y desde la creación de ONU Mujeres en julio de 2010, se ha buscado “promover la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres”, para mejorar sus condiciones de vida y responder a las necesidades que enfrentan en el mundo.

Si bien la situación en nuestro país ha ido cambiando en la última década, por ejemplo, en las universidades, donde hay cada vez más mujeres a la vanguardia de muchos proyectos docentes y de investigación, aún hay un número importante de sutiles barreras que dificultan sus carreras académicas. No sólo hay escasez de mujeres en posiciones de liderazgo, sino que muchas no son tan visibles como sus contribuciones lo merecen. Tener pocas mujeres representadas en el escalafón más alto de la jerarquía académica crea una falta de modelos para atraer y retener a las jóvenes profesiones.

Recientemente, con motivo de la celebración del 63° Aniversario de la Universidad Austral de Chile, un grupo de estudiantes y profesores de la Escuela Periodismo de esta casa de estudios, elaboraron un breve documental que releva los logros y contribuciones de 7 destacadas mujeres en la etapa fundacional de esta institución. Se trata de las funcionarias Gabriela González, Irma Herrera y Kate Taylor; las académicas Inés Gebhard Paulus, Aracely Poblete y Gladys Santos; y la estudiante Carmen Laucirica Weiss, quienes desde sus ámbitos y responsabilidades aportaron en forjar una universidad que tiene un irrestricto compromiso con el bienestar social y el desarrollo sustentable de las comunidades de la región sur austral del país.

En un contexto político cambiante como el nuestro, la comunidad académica e intelectual debe unirse en la lucha por la democratización del acceso y la visibilización del trabajo intelectual de todos sus integrantes. Al mostrar la diversidad y la excelencia investigadora de las mujeres y aprovechar sus experiencias, es posible no sólo mejorar la visibilidad de su trabajo científico, sino también proporcionar modelos a seguir. Finalmente, se trata de encarnar una sociedad muy distinta en lo cultural y hacer efectivo un nuevo “contrato social”, que fortalezca la creatividad e innovación para promover el desarrollo económico, social y cultural.

CONFAUCE realizó seminario sobre reforma educativa

crucheducacionA la actividad asistió la Dra. Karen Alfaro Monsalve, Prodecana de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la UACh, junto a otros decanos de 21 Facultades y Escuelas de Educación para reflexionar sobre la reforma y articular el trabajo del organismo en el escenario que presenciamos actualmente.

El CONFAUCE agrupa a las facultades que tienen carreras de educación de universidades del CRUCH, por ello nuestra facultad participa en las reuniones y actividades convocadas por esta instancia, que se ha posicionado como una voz relevante en el debate sobre educación en el país, afirmó la Dra. Alfaro.

El seminario Grandes desafíos en tiempos de Reforma Educativa congregó a más de 300 personas y se convirtió en un espacio para el debate de la reforma y de la articulación de un Sistema Nacional de Educación que integre diversos ámbitos e instituciones del quehacer educativo en el país, apostando fundamentalmente a un proceso de descentralización y fortalecimiento de las toma de decisiones a nivel territorial.

La jornada contempló dos paneles de discusión, el primero trató sobre la evaluación en el sistema escolar chileno y fue encabezado por el Secretario Ejecutivo de la Agencia de Calidad, Carlos Henríquez, quien hizo un repaso sobre los avances que ha hecho el organismo en materias de disminuir las pruebas Simce.

El segundo panel sobre formación Inicial Docente y formación Continua fue encabezado por Jaime Veas, Director del CPEIP. En la ocasión, el ponencista explicó en detalle la nueva ley de Desarrollo Profesional Docente y el avance de ésta.

El Decano Nail, Presidente de CONFAUCE, valoró la serie de reformas que ha emprendido el  gobierno: “Son importantes y creemos que pueden marcar una diferencia en el país”, señaló aludiendo a las aprobadas leyes de Inclusión y de Desarrollo Profesional Docente.  Pero también afirmó que es necesaria una mayor articulación con el Ministerio de Educación para poder diseñar un sistema de formación de profesores que entregue respuesta a las demandas del país.

Las universidades tenemos historia y tradición en la formación de profesores/as y ese capital experiencial es necesario que se considere,  tanto en la elaboración de las políticas públicas como en la implementación de estas. Es necesario dialogar respecto a la relación entre exigencias a las instituciones de educación superior y el apoyo estatal para desarrollar las innovaciones que se estimen necesarias”, argumentó la Prodecana refiriéndose al mensaje que les transmitió el Dr. Nail, de la Universidad de Concepción.

En relación a las proyecciones y el trabajo a futuro la Dra. Alfaro afirmó que aún existen distancias críticas y preocupación en las comunidades académicas respecto a la contribución de la reforma a superar los desequilibrios y desigualdades en el sistema de educación superior, así también como al acceso a recursos del estado, en un marco que garantice la autonomía universitaria y la pluralidad de proyectos académicos a nivel nacional. “Sin la autonomía necesaria del quehacer universitario, se pone en cuestión el sentido de la universidad, que es ser la conciencia crítica de la sociedad”. Junto con ello, recalcó que el compromiso público de nuestra institución tiene en la formación de profesores y profesoras uno de sus pilares fundamentales.

Filósofa española habló sobre idealismo y ofreció una mirada crítica del capitalismo

DSC_0712Es frecuente escuchar hablar de idealismo o idealistas pero no siempre comprendemos bien lo que esto significa. “El concepto de idealismo tiene bastantes prejuicios”, plantea la Dra. Ana Carrasco Conde (ensayista y profesora de filosofía en la Universidad Complutense de Madrid), quien participó en la inauguración del año académico del Magíster en Pensamiento Contemporáneo, que por tercer año es dictado por la Facultad de Filosofía y Humanidades UACh, en Valdivia.

La filósofa española explica que “normalmente se piensa que un idealista es alguien que se saca el mundo de la cabeza o bien que vive dentro de su mundo. Y el idealista no es para nada esto. El concepto filosófico de idealismo es la construcción de cómo un sujeto deviene consciente de sí mismo pero esto a través de sus relaciones con los otros y con el mundo. En esa interacción es cómo se construye un mundo común con los otros. No es que con el idealismo se crea el mundo de la nada”, agrega.

En la conferencia “Las tres detonaciones del idealismo. Reflexión, fundamento y lógica” –que se realizó la mañana del viernes 2 de junio en el Auditorio Eleazar Huerta de la Facultad de Filosofía y Humanidades UACh-, la Dra. Ana Carrasco hizo también una crítica al capitalismo, la globalización y las formas virtuales de comunicación. En ese marco mencionó  la serie de televisión Black Mirror –que aborda cómo la tecnología afecta nuestras vidas- e hizo mención del concepto de “neolengua” –una excesiva simplificación del inglés que apoya el sistema totalitario descrito en la novela “1984”, de George Orwell-.

Sin desconocer que las redes sociales tienen elementos muy positivos, la académica puso en evidencia que la inmediatez de lo que pasa en regiones muy apartadas no puede verse desde una lectura ingenua, ya que “lo que  nos llegan son imágenes mediatizadas, que implican un encuadre, una decisión de qué es lo que se emite… Lo que hay es una nitidez, un solapamiento continuo de imágenes que hace que tengamos una composición de lugar, una reconstrucción de lo que realmente está pasando fuera de nuestro propio ámbito de realidad”, indica.

Tampoco hay que olvidar que, al estar circunscritas en  un sistema capitalista, “todas las imágenes –que nos llegan- son sujeto de comercio, de venta, de intercambio, etc. Entonces es un sistema mucho mayor y no tan inocuo como pudiera parecer”, precisa la Dra. Carrasco.

Durante su estadía en la Escuela de Graduados de esta Facultad, la invitada dictó el curso intensivo “De la filosofía de la identidad a la filosofía de la diferencia. Tres lecturas contemporáneas de Schelling (Deleuze, Derrida y Zizek)”, destinado a estudiantes de postgrado de cualquier disciplina.

Magíster ofrece visión crítica y propositiva

Esta conferencia permitió interpretar “un movimiento filosófico que ha sido clave para el pensamiento contemporáneo”, a juicio del Director de la Escuela de Graduados de la Facultad de Filosofía y Humanidades UACh, Dr. Vicente Serrano, quien ofreció un saludo en la inauguración del año académico de este magíster.

Interesante es el contexto en el cual se desarrolla este programa a nivel de Facultad, donde se ha experimentado un crecimiento del postgrado. Esto porque cuentan, desde hace tiempo, con el Doctorado en Ciencias Humanas Mención Discurso y Cultura; un Magíster en Literatura con mucha tradición; un Magíster en Educación; un Magíster en Comunicación; y comparte periódicamente con la Facultad de Ciencias Agrarias el Magíster en Desarrollo Rural. A éstos se suman dos programas incorporados recientemente: el Magíster en Historia del Tiempo Presente y el Magíster en Pensamiento Contemporáneo. “Se ha ido potenciando el postgrado, estamos muy contentos, hay una gran demanda de alumnos, se trabaja muy bien y hay satisfacción”, recalcó el Director de la Escuela de Graduados.

Tal como se refleja en el programa del Magíster en Pensamiento Contemporáneo, éste comprende el periodo que va desde la recepción de la reflexión crítica durante el siglo XIX hasta la pregunta por el fin de la modernidad en el presente. El Coordinador de este programa, el Dr. Roberto Chacana, indicó que este magíster –que comenzó el año 2015- está abierto a estudiantes que proceden de distintas áreas, entregando “una visión crítica de la sociedad actual pero a la vez también propositiva… La idea es que cada estudiante vaya pensando en elaborar una propuesta de intervención dentro del área disciplinar de la que procede”. Porque, como bien decía el escritor Franz Kafka, “sin esperanza no se vive”, mencionó el académico de esta Facultad UACh.

Consciencia crítica

Citando el libro “El más antiguo problema del idealismo alemán” –que se circunscribe a los años 1896/1897-, la invitada comenta que en dicho texto se plantea que los filósofos deben tener la fuerza estética de los poetas. “La estética no es algo que tenga que ver solamente con la belleza;  la estética es dar forma al mundo. Se dice además  que la nueva mitología son aquellos relatos, construcciones, que nos permiten conformar un mundo más justo y bello… El concepto de mitología clásica eran relatos que legitimaban, pero el concepto de mito que están hablando estos filósofos idealistas es un mito que de forma anacrónica deconstruye. No legitimar nada si no pensar en una nueva forma”.

No obstante, “en esta fagocitación, en esta perversión del afán totalizador del capitalismo, lo que encontramos también es una nueva mitología, la que no tiene que ver con que el hombre construya su mundo, que sea más bello, más justo, más libre, sino que nos convierte cada vez más en consumidores. Nos dice qué tenemos que querer, nos dicen cómo tenemos que ser felices, por ejemplo. Nos dicen que tenemos que estar en forma”, critica la académica.

Aunque, tal como lo planteó en su conferencia, la filósofa tiene esperanza en la posibilidad de cambio. “El afán totalizador del capitalismo quizá no lo pueda todo. Estamos aquí pensando en eso,  lo que quiere decir que tenemos todavía herramientas vinculadas con ese fundamento. Es a partir de esa fuerza que podemos generar un anticuerpo que viralice, que rompa, que corrompa la lógica. Pero evidentemente somos seres de lenguaje, así es que la corrupción de esa lógica implica introducir otra lógica, más humana, que genera comunidad precisamente a través de la diferencia, no de la uniformización de los sujetos”, propone.

En esa línea es importante tener una consciencia más crítica, el no dar nada por hecho y hacerse preguntas: ¿por qué nos dicen que nos tienen que gustar los centros comerciales o comprar cierta ropa o ciertos coches?, ¿qué significa tener éxito?, ¿es tener realmente mucho dinero? “Eso es una mitología perversa porque tener éxito no significa tener mucho dinero o ser muy reconocido de cara al exterior. Tener éxito es algo mucho más profundo, es un elemento de satisfacción con respecto a la propia vida, con haber conseguido aquello que te realizaba a ti como persona. También esa perversión del concepto de felicidad, que se ha identificado con el goce o con el placer inmediato de comprarte algo y sentirte bien en ese momento. La felicidad no es eso. La felicidad es una actividad, no es un momento”,  sostiene.

Especialista en idealismo alemán

La académica es especialista en el idealismo alemán y romanticismo, filosofía de la historia, historia conceptual e historiografía. Su investigación y sus intereses se centran en el mundo clásico griego y en la Alemania de los siglos XVIII y XIX. Ha profundizado en el mal, lo monstruoso, lo grotesco y el terror, además de investigar los desarrollos e influencias del idealismo alemán en el pensamiento contemporáneo. También ha profundizado en el concepto de Conciencia Histórica y memoria a través de las relaciones entre arquitectura y filosofía.

Es ensayista y profesora de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid, antes de ello formó parte de la Universidad Politécnica de Madrid (Escuela Técnica Superior de Arquitectura) en el marco de un contrato de investigación del Programa Internacional de Captación de Talento (PICATA). Igualmente ha sido investigadora de la Universidad Carlos III de Madrid y de la Universidad Autónoma de Madrid.

Nietzsche político e intempestivo

librogportalesEn El origen, uno de sus libros autobiográficos, Thomas Bernhard relata que cuando estaba en el colegio cambiaron en el aula una esvástica por un crucifijo. Esta modificación al interior de la sala conjugó con que el inspector del internado fuera sustituido por un ferviente y joven profesor nazi. Posteriormente, cuando ganaron los aliados, la cruz cristiana volvió al mismo sitio anterior. La disciplina y la forma de proceder en los dos regímenes eran casi similares, no se notaba diferencia en la violencia ejercida a los alumnos entre el catolicismo y el nazismo. Uno y otro conformaban la prolongación ‘natural’ de una manera de proceder y comprender la vida. Esta sutil equivalencia indica una continuidad, semejante en algunos aspectos a la devastación que sucedió en Chile con Pinochet. El paralelismo tiene su explicación: para que el nazismo se haya establecido con ‘naturalidad’ (palabra exasperante usada a menudo por Bernhard), existen ámbitos complejos de determinar de una vez; requieren de una revisión de los compromisos culturales implícitos. Tanto el pinochetismo como el nazismo conforman modos asoladores de ‘pensar’ –fantasmas de la sinrazón, diría Armando Uribe Arce- que no desaparecen sencillamente con el fin de una guerra o la supuesta vuelta a la democracia. Así como Lévinas escribió Algunas reflexiones sobre la filosofía del hitlerismo, podría hacerse algo parecido con el pinochetismo. La filosofía, como otras áreas del saber, guarda una relación subrepticia y sobredeterminada con estas formas de acendrar la debacle cotidiana.

En Filosofía y Catástrofe, reeditado luego de catorce años por Ediciones UACh, Gonzalo Portales se propone examinar la herencia filosófica de la recepción nietzscheana a partir de la Shoah. Es una lectura y propuesta compleja, porque lo que lleva a cabo no es simplemente cotejar el legado nietzscheano en  términos de los documentos intervenidos por su hermana (labor cumplida por Giorgio Colli y Mazzino Montinari), sino de determinar cómo en su recepción los textos ‘colaboran’ o no al ‘malentendido’, discutiendo a su vez el planteamiento de Lukács en El asalto a la razón sobre el camino que sigue la ‘filosofía alemana reaccionaria’ hacia Hitler, donde se incluye a Nietzsche en un elenco filosófico que comienza por Schelling (supuestos responsables del irracionalismo que culmina en el Führer). La labor de Filosofía y Catástrofe rebasa por tanto la interpretación de Nietzsche para aguzar la mirada a la filosofía alemana del último siglo. A partir de la Fragmentaria (Nachlass), o los Fragmentos Póstumos como ha solido publicarse en castellano, Portales recorre el camino -en muchos casos ambiguo- tanto de la lectura y dichos de Nietzsche como de la manera de recibirlos, principalmente por parte de Heidegger. La exhaustividad filológica y hermenéutica del libro –además de un estilo fino en la interpretación- permiten dar cuenta del debate. ¿Es Nietzsche un antecesor que justifica el nazismo, aunque haya sido mal comprendido y manipulado? ¿Permite su filosofía una exegesis nazi y, por lo tanto, autoriza la catástrofe de la política europea y alemana? ¿Cómo entender la recepción de Heidegger y sobre todo el nihilismo en estos filósofos? Y lo más importante, sin que el libro se lo proponga explícitamente, ¿cómo comprender la política alemana del último siglo?

Estas grandes preguntas son recogidas y lo más sorprendente es que, a pesar de ser un libro de alrededor 170 páginas, las elabora de manera detallada y precisa (incluso impiden componer una reseña en los términos usuales). Esta exhaustividad contiene dos aspectos: primero, revisa lo que Nietzsche leyó en el momento de escritura de sus libros y los Fragmentos Póstumos, estableciendo un registro filológico-heurístico y, por otro lado, cómo fue leído por los pensadores alemanes, despejando un camino hermenéutico en la bibliografía secundaria, relevante en cuanto a la recepción. Estos enfoques imbrican, por así decir, dos tiempos: la vista hacia la influencia del Romanticismo Temprano en el pensamiento de Nietzsche, en primer lugar, y la filosofía alemana del siglo diecinueve, en el horizonte general. Y, al mismo tiempo, aguza la vista hacia el porvenir, vale decir, la interpretación compleja tanto en el plano filosófico como político de Heidegger, dominante en la discusión sobre Nietzsche durante el siglo veinte. Estas dos miradas confluyen en la reflexión política; es más, me arriesgaría a afirmar, Nietzsche es para aquel Gonzalo Portales del año 2002 –cuando publicó la primera edición- el eje de comprensión de la política alemana y europea de los últimos siglos. De ahí que este breve y denso ensayo condense de algún modo las investigaciones minuciosas recorridas por su trabajo intelectual.

La inscripción “Nietzsche” es engañosa. Filosofía y Catástrofe no consiste ‘simplemente’ en una monografía; bajo esta firma reputada, hasta en el plano de la cultura de masas, Portales ofrece una interpretación de la historia de la filosofía alemana. Nietzsche parece presentar un dilema acerca del estatuto de la filosofía; la interrogación respecto del quehacer filosófico implica pensarlo no solo como la especialización de un periodo o de un giro sustentado por una personalidad radical (algo así como la “originalidad” o “genialidad” de Nietzsche), sino en cuanto un pensamiento que intuye, incorpora e instituye una legibilidad de la cultura. En este caso se trata de la guerra y la catástrofe (o el vaticinio sobre la gran guerra, como advierte complejamente Nietzsche) como legado del nihilismo europeo y la muerte de dios, que ya estaba ínsita en el cristianismo. El vuelco catastrófico, que implica consumar la catástrofe y no volverse hacia un conservadurismo, tiene diversas aristas históricas y filosóficas, que también incitaron ‘equivocaciones’ en el mismo Nietzsche por medio de su decir profético y, por cierto, virulento.

A grandes rasgos, existen al menos dos niveles explícitos de esta catástrofe. La primera contiene el correlato histórico que marca a Europa y las explicaciones que buscan una respuesta tanto filosófica como política: Auschwitz. La segunda es la que Portales caracteriza a partir de Nietzsche como la utopía catastrófica asociada al superhombre. Vale decir, la transformación radical sobre lo que se ha comprendido como “hombre”: el paso muchas veces tormentoso de la aurora al ocaso. Es la tensión que provoca el giro hacia una nueva época y el destino que implica este quiebre; una lucha por hacer girar el mundo en otros ejes y al mismo tiempo el proceso destructivo que implica la conformación de una época distinta a partir de las ruinas, que desde el siglo diecinueve hasta hoy se enfatiza sobre todo en el plano artístico. Y no solo –como demarca Heidegger a través de Nietzsche- en el ámbito europeo. La politización del arte puede verse, a través de su vuelco inmanente, como un plano secuencia de la muerte de dios.

Esta dualidad de la catástrofe –saliéndonos ya del libro- indica un juego entre duelo y utopía, inclusive su conjunción. A la que es preciso sumar una tercera (ya aludida y que volveremos a mencionar al final). Es lo que Dostoievsky observó tempranamente a partir del abismal personaje Kiriloff, que Nietzsche parafrasea en el esquizofrénico de la Gaya Ciencia anunciando la muerte divina, y ‘encarna’ al final del Ecce Homo cuando se refiere a la gran política: “Vendrá un hombre nuevo, dichoso y orgulloso. Aquel para quien le será indiferente vivir o no vivir, ése será el hombre nuevo. Aquel que vencerá al sufrimiento y al terror, y el mismo será Dios. Entonces, el otro Dios ya no existirá (…) Entonces empezará una nueva vida, un hombre nuevo, y todo será nuevo. Entonces se dividirá la historia en dos períodos: del mono al aniquilamiento de Dios, y desde el aniquilamiento de Dios hasta…Hasta la transformación física del hombre y de la tierra. El hombre será Dios y se modificará físicamente. El Universo se transformará, igual que las obras, los sentimientos y los pensamientos”. Los endemoniados (1872). El último capítulo del libro de Portales, “Fragmentaria del nihilismo europeo y la gran política”, se hace cargo de esta discusión con las dificultades que implica dar cuenta a su vez de las interpretaciones de Nietzsche a partir de Heidegger y las manipulaciones del nazismo. A diferencia de la interpretación heideggeriana, donde prima la distinción entre lo suprasensible y lo sensible en cuanto muerte de dios, ligada a su cuestionamiento a la metafísica de la presencia, Portales aclara que la catástrofe nietzscheana es más bien decimonónica, es decir, apunta a la desaparición del sentido teleológico del acontecer, cuyos límites tienen que ver con un asunto histórico, no una interrogación que regrese a los orígenes griegos. “Este es el extremo persuasivo y fáctico desde el que la gran política debiera intentar invertir el proceso de deterioro de la comunidad y de abatimiento del hombre ya incapacitado de reconocerse a sí mismo. Pero su tarea no consiste en impedir la catástrofe, sino en consumarla” (167). Mirada esta devastación desde otro ángulo, cuando muere dios, no es que ya todo esté permitido (Dostoivesky), sino que lo que queda es la política, el espacio de juego de la inmanencia que es necesario cumplir. Pero, ¿en qué consiste esta política, a la que el filósofo suma la carga de ‘gran’?

A pesar del ámbito decimonónico del debate, donde es necesario situar el horizonte histórico de Nietzsche, Portales observa igualmente el tono altisonante del filósofo, su constante búsqueda por jerarquizar a los hombres, la exigencia de crianza de los últimos fragmentos, el cinismo político de la aniquilación devastadora, el desánimo histórico y el padecimiento de crisis; y al mismo tiempo resalta la necesidad de leer su filosofía con un oído atento y una hermenéutica tolerante ante su escritura grandilocuente y aporética, sobre todo a la vista de las guerras y las catástrofes suscitadas en el siglo veinte donde Alemania tuvo un rol protagónico. De manera compleja y también aporética, Portales termina su libro con el silencio que involucra Nietzsche, es decir, interpretando el enigmático párrafo final de Filosofía y Catástrofe, con las contradicciones y las múltiples máscaras que ha implicado para el futuro.

Siguiendo la discusión otra vez en los límites del libro, a estas muertes teleológicas y metafísicas de dios, es posible sumar su defunción por medio de la tecnología y la mirada globalizada. Hace solo un poco más de un siglo, Nietzsche escribía en la Gaya Ciencia: “«¿Es verdad que el amado Dios está presente en todas partes?», preguntó una niña pequeña a su madre: «pero eso lo encuentro indecente»”. Hoy esta mirada está ocupada por google maps. Con el desarrollo de los nuevos aparatos técnicos, los conceptos de lo humano y divino se ven profundamente trastocados; y en este trastorno la figura del hombre y su cuerpo se descentralizan del mundo (a pesar del énfasis en cierta interpretación de Nietzsche, en esta transformación de lo humano el cuerpo no constituye necesariamente el “centro de gravedad”). El carácter orgánico puede modificarse y recrearse; en algún momento incluso  podrá conectarse completamente a los aparatos tecnológicos, como muestran algunos artistas contemporáneos. ¿El superhombre como unión entre el hombre y la máquina? Por otro lado, el ojo absoluto que contiene la “voluntad de ver todo” –empleando expresiones hiperbólicas de Gérard Wajcmanglobalizan la mirada y ponen en discusión la perspectiva. El concepto de hombre como “ventana al mundo” requiere ser repensado, no solo a partir de la defunción de su concepto en la conformación de las Ciencias Humanas (Foucault, 1966), sino también del “sujeto político” globalizado, donde un dispositivo técnico es desplazado por otros (habría que revisar actualmente el perspectivismo nietzscheano y la invención de la perspectiva heredera de Alberti). La privatización de lo público y la publicidad de lo privado, implican sopesar de nuevo estos conceptos y comprender el ejercicio de la política en la actualidad, incluyendo su lenguaje. En síntesis, con la muerte de dios teológica y metafísica, ¿se origina otra divinidad?, ¿un nuevo dios tecnológico?

Para terminar, ¿por qué Nietzsche retorna y no deja de insistir e interpelar a los nuevos lectores de filosofía? Es preciso analizar por qué ciertas concepciones filosóficas se imponen en épocas y lugares determinados. Tanto Nietzsche como Heidegger han sido lecturas fundamentales en Chile para generaciones sucesivas. El primero, como mencionamos al pasar, ingresó  incluso en el habla cotidiana, pronunciándose su nombre casi como un lugar común, a menudo banalizándose su pensamiento y al mismo tiempo influyendo en medios que rebasan el ámbito filosófico. El segundo ha tenido una vigencia que atravesó la mitad del siglo veinte (si es que no antes) y su enseñanza continuó en el periodo de la dictadura. A riesgo de parecer general, a mi juicio tanto Nietzsche como Heidegger conforman uno de los pares filosóficos que prevalecen como disputa soterrada de la ‘filosofía’ escrita en Chile. En una pugna política implícita, los dos implican comprensiones de la filosofía y la teoría, tal vez por la importancia que todavía reviste la teología cristiana en la enseñanza y el modo de exégesis ligada al culto. (De ahí la dificultad de la continuidad de la lectura de Marx en Chile, aun cuando no siempre retorne desde los ‘estudios filosóficos’) Intentar ‘despejar’ a Nietzsche de la comprensión heideggeriana –o de una interpretación heideggerianasignifica ejercer una sutil operación secular frente a una interpretación de cierta parte de la enseñanza de la filosofía en Chile que todavía busca en Heidegger un fundamento paradójicamente metafísico, si no directamente religioso.

En este campo de batalla de las recepciones, donde las lecturas sobre Heidegger también entran en liza, la acuciosidad de Portales recurre de manera inusual al recorrido alemán de las lecturas acerca de Nietzsche. Digo inusual porque hoy el nombre Nietzsche tiende a correlacionarse con los de Freud y Marx, gracias principalmente a la recepción francesa de Ricoeur y sobre todo del reconocido texto de Foucault que aguza la mirada sobre estos tres nombres. Si bien Portales aborda la interpretación de Derrida y Bataille, su investigación se enfoca primordialmente hacia el mayor desastre en que la gran política nietzscheana terminó involucrada: Auschwitz. (En este sentido, el Prefacio de René Baeza es un buen comentario y complemento). Quizás por esta salida de marco de los referentes citados, es que este libro resulta inusitado en el contexto chileno y tal vez latinoamericano. Leído desde hoy en clave política, Filosofía y Catástrofe origina nuevas interrogaciones: ¿Por qué Nietzsche fue –y tal vez sigue siendo- uno de los pensadores más referidos en los años noventa con el regreso de la democracia y el triunfo alegre del neoliberalismo en Chile? A partir del ámbito político de la catástrofe cotidiana y de las justificadas revueltas de los últimos años, donde los triunfos de los poderosos han criado cuerpos y jerarquizado el mundo, ¿en qué sentido Nietzsche sigue siendo aún una lectura intempestiva?

Jorge Polanco Salinas – Académico Instituto de Filosofía Universidad Austral de Chile

Perdices & perdigones

PerdigonesEn una conocida escena de La mirada de Ulises, el cineasta griego Theo Angelopoulos filma varios grupos de personas mirando la cordillera. El travelling los muestra quietos, a la espera; algunos con sus bolsos, otros abrazados o sencillamente acostados sobre la nieve. El contexto de la película indica que son generaciones de viajeros que buscan una vida en los Balcanes. Parecen fantasmas, espectros de una espera ancestral e indeterminada. Más que un periplo a la manera del flâneur, correspondiente a las ciudades del centro de Europa, estos exiliados provienen de una devastación. La niebla confunde el tiempo y, como en la novela autobiográfica de Sándor Márai, la familia de futuros fantasmas celebra todos los años de una vez, porque saben que es poco probable volverse a encontrar. Si extendemos la mirada de Ulises, actualmente estos emigrantes son los que intentan cruzar hacia la orilla de una Europa supuestamente civilizada y, en Latinoamérica, algunos viajeros provenientes de países vecinos desean también ingresar paradójicamente a Chile.

Perdigones de Guillermo Riedemann da cuenta de esta «historia»: es como si contara sueños de un destierro, aunque no al modo del extrañamiento surrealista, sino como espectros que estructuran nuestra vigilia. La «historia» parece articularse así: entre los extravíos de migrantes que a menudo sucumben huyendo de la miseria, pero que de todos modos merodean penando la historia. «Perdigones» significa tanto el ave como los balines de las escopetas. Puede usarse en este doble sentido: el viaje y la caza. Sin embargo, en el libro estas dos acepciones requieren de una precisión: presumen algo ocurrido, una guerra innominada que acabó incorporándose en la escritura de un sujeto anónimo. Hubo una lucha, hubo una historia, quedan los desterrados. Una tercera acepción —cuenta el poeta— es precisamente estar perdido. En Perdigones no existen nombres propios, pero sí cicatrices. Máculas de una batalla que se sigue gestando. Los viajeros no buscan lo inesperado de la modernidad o las fronteras de la vanguardia; perviven en un duelo que, a pesar de los síntomas de extravío, explora escenas de felicidad en las imágenes de la memoria.

La prosa poética permite una apertura hacia perspectivas que “narran” oblicuamente el desastre. El traslado a la prosa no guarda relación necesariamente con la anécdota; como los últimos e incisivos libros de Ennio Moltedo, quien también optó por este estilo renovado en el siglo XIX gracias a Baudelaire, pareciera que el resquebrajamiento del verso —su sonoridad y medida— abre posibilidades a una musicalidad de la derrota. «Será todo tan normal que terminará por ser normal», apunta de manera inquietante Riedemann, bajo la piel gruesa y cotidiana de la catástrofe. En La escritura del desastre, libro escrito también en prosa y sin títulos, Blanchot se refiere a la quietud del peligro, a la amenaza de lo inactual, al silencio de su desgarro. «No somos contemporáneos del desastre», dice Blanchot. Sin embargo, se escribe. En la elección por la prosa poética, Perdigones apunta de algún modo a esta búsqueda de un ritmo desacoplado de la belleza armoniosa, aunque paradójicamente recurra a ciertas escenas bellas. La devastación contiene algo de espera; la prosa poética es el testimonio de su inminencia.

Hay dos figuras que me parecen significativas como modos de aguardar el despertar del duelo y que a su vez lo acompañan, merodeando el periplo del viajero: por una parte, la mirada infantil o juvenil y, por otra, la insistencia en los animales (principalmente aves). La naturaleza no conforma una tierra indómita, sino que reafirma la ruina. Los cuervos se unen a los zorzales, tordos, cornejas y a los murciélagos, desterrados también del entorno. En «¿Por qué miramos a los animales?», John Berger afirma que antes del capitalismo del siglo XX, «los animales constituían el primer círculo de lo que rodeaba al hombre. Tal vez esto sugiera una distancia demasiado grande». Es decir, los animales están igualmente exiliados; viajeros que inquietan al ser humano y esconden un secreto con la mirada. Como en Perdigones, están refugiados en el exilio, apartados y al mismo tiempo acompañando la experiencia de los que han sido cazados por la historia. La mirada juvenil (¿de un adolescente?) recorre esta espera: regresa a escenas amorosas, las atesora en el paisaje interior que coincide con el sentido último del viaje. La inminencia de lo que puede venir.

Pensando en el primer poema, la devastación interioriza la densidad, suspende al lector en el borde de la frontera: «Más allá empieza el mar o termina la tierra. Ida y vuelta cruzan la frontera las ideas que tenías del principio y del final. El primero cada día más lejos no obstante el retorno al lugar que permanece en el mapa, estático en el límite amarillo de los últimos brotes de pasto que se hunde con dedos y raíces o es tragado por la boca del agua. El segundo cada día más cerca, aunque esta idea dependerá del lado de la frontera, que no es lo mismo que el punto de vista o el cristal. Porque no miras ni quieres, en vuelo de vuelta y de ida, seguro de encontrar el borde exacto y suspenderte». No es necesario recordar que también estamos hablando de Chile. Existen territorios denotados a lo largo del libro: la glorieta de La Reina, el Calle-Calle, por ejemplo, pero igualmente la Berggasse o la Vía Apia; es decir, «las alturas de las ruinas bajo un sol inminente». Astillas de una memoria fija en el espacio marcado por la barbarie.

Pero, ¿quiénes son los bárbaros? ¿Los que vuelven a la normalidad como si todo fuera normal, o los golpeados que «no tomarán las fotografías»? ¿Aquellos que «resistirán el fuego de gritos invisibles, sin hablar, sin rebeldía ante la tortura de los anfitriones»? Los desplazados no poseen el obturador de la historia; a menudo conforman el objeto de la cámara, al servicio de los titulares. Con todo, ese es el lugar desde donde se ha escrito la poesía más interesante de las últimas décadas en Chile. En esas máculas silenciosas, en prosa o verso, donde los signos se densifican. Y esta es la opción de Guillermo Riedemann. En vez de continuar la ruta ya ganada de cierta literatura norteamericana, convertida en Chile como referente exclusivo, prevalece un espesor equilibrado entre el filo de lo narrado y lo decible. Perdigones parece escrito en una zona fronteriza, mirando desde «un ojo huérfano, un ojo derramado, el Campo de Marte tomado por inmigrantes». El espesor proviene del reconocimiento de la violencia.

En «La poesía se vende», Eugenio Montale cuenta que «el cómico Amerigo Guasti rechazaba el regalo o adquisición de libros en paquete cerrados, diciendo “No me fío, pueden ser versos”». La gente, cuenta Montale, estallaba en risa. Sin embargo, esta broma puede plantearse en Chile desde otro ángulo. A pesar de los intentos de domesticación, la escritura poética mantiene su fuerza actual en la respuesta a la violencia a la que ha sido sometido el país. ¿La poesía, aún, no se vende? Por medio de la escritura, que no busca naturalizar el desastre, contesta con la fortaleza precaria del lenguaje a las agresiones de la historia. Habría que pensar desde dónde vienen actualmente los perdigones; cuáles son las fronteras a las hay que mirar y todavía seguir confiando en los regalos que puedan traer versos. Es posible que esta historia cambie, pero hasta el momento muchos poetas siguen dando cuenta del duelo y la espera del porvenir. «Penan las ánimas. Tengo en mis manos un cartucho vacío», dice en un fragmento Riedemann, y en otro que puede citarse como corolario: «Incumplir la condena, resistir hasta encontrar el modo de llevar dentro aquella espesura (…) Resistir hasta forjar un follaje de voces que apunte al centro, una trenza de manos y pies que paste sin pausa, y salten y corran para prolongar el universo».

Presentación de Perdigones de Guillermo Riedemann en Librería Qué Leo. Valdivia, 6 de mayo de 2017.

Conferencia “Las tres detonaciones del idealismo. Reflexión, fundamento y lógica”

ImprimirEs ensayista y profesora de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid, antes de ello formó parte de la Universidad Politécnica de Madrid (Escuela Técnica Superior de Arquitectura) en el marco de un contrato de investigación del Programa Internacional de Captación de Talento (PICATA). También ha sido investigadora de la Universidad Carlos III de Madrid y de la Universidad Autónoma de Madrid.

Durante su estadía en la Escuela de Graduados de nuestra Facultad, la invitada dictará el curso intensivo De la filosofía de la identidad a la filosofía de la diferencia. Tres lecturas contemporáneas de Schelling (Deleuze, Derrida y Zizek) destinado a estudiantes de postgrado de cualquier disciplina.

La Dra. Carrasco Conde es especialista en el idealismo alemán y romanticismo, filosofía de la historia, historia conceptual e historiografía. Su investigación y sus intereses se centran en el mundo clásico griego y en la Alemania de los siglos XVIII y XIX. Ha profundizado en el mal, lo monstruoso, lo grotesco y el terror, además de investigar los desarrollos e influencias del idealismo alemán en el pensamiento contemporáneo. También ha profundizado en el concepto de Conciencia Histórica y memoria a través de las relaciones entre arquitectura y filosofía.

La conferencia “Las tres detonaciones del idealismo. Reflexión, fundamento y lógica” se realizará el viernes 2 de junio, a las 11:30 horas, en el Auditorio Eleazar Huerta.

Balances y desafíos futuros marcaron último Consejo de Facultad

_MG_6988El Dr. González pone fin a trece años junto al equipo que lideró la Decanatura de la Facultad de Filosofía y Humanidades -seis de ellos como su máxima autoridad- para dar paso a un nuevo grupo humano que busca seguir potenciando a la macrounidad en la Universidad, la ciudad y la región sur austral de nuestro país.

En la cuenta pública que presentó el pasado martes, el saliente Decano recordó los problemas con los que inició su período: la relación asimétrica de la administración central con respecto a la Facultad y los saberes que se cultivan; la carencia de infraestructura; la falta de visibilidad y posicionamiento al interior de la Corporación, por mencionar algunos. Parte de esos problemas fueron sorteados con éxito a través  de la gestión activa ante las autoridades universitarias y los cuerpos colegiados y el trabajo constante de la Comisión Triestamental de Infraestructura y Espacios Físicos; así como la incidencia en políticas, normativas y  reglamentación universitaria, como la política editorial y la creación de Ediciones UACh para difundir y posicionar los saberes humanistas y científico sociales que cultiva la Facultad, entre otras acciones de gestión.

Entre los desafíos que planteó para la nueva Decanatura está la elaboración de propuestas y presencia decisional en torno a políticas de acoso y discriminación; reglamento de sedes, la  creación de carreras e institutos en la Sede Puerto Montt, entre otras materias. A ello se sumará el trabajo interno con el objetivo de implementar el Nuevo Plan Estratégico, la reactivación de Comisiones (entre  ellas la Comisión Triestamental de Infraestructura y Espacios Físicos para velar por el correcto desarrollo del proyecto del nuevo edificio de la Facultad) y la permanente gestión para ampliar la planta docente y profesional.

Otro de los logros colectivos que destacó el Dr. González, fue la creación de los Institutos Filosofía y de Ciencias de la Educación (y antes el de Historia y Ciencias Sociales y Estudios Antropológicos), el reordenamiento y revitalización del Centro de Educación Continua, la reconversión de profesores/as a honorarios a planta docente y académica (20), el seguimiento de los planes estratégicos y la contratación de un profesional informático y otro cargo centralizado para la Oficina de Autoevaluación. Junto a ello, destacó otros aspectos relevantes de orden identitario, como fueron la recuperación y proyección del patrimonio bio-bibliográfico y documental de la Facultad, así como la reflexión y problematización de la memoria y los procesos históricos de la Facultad y puesta en valor y reconocimiento del legado de académicas/os, estudiantes y funcionarias/os en el desarrollo histórico de la Facultad, como lo fue el nutrido programa de celebración del 60 aniversario, la organización de jornadas sobre DD.HH.; el reconocimiento de los profesores exonerados en 1995 y la exposición pública “Memoria Visual y Documental de la Facultado de Filosofía y Humanidades”, los homenajes al Decano fundador Eleazar Huerta y  el posicionamiento de esos temas en los medios de comunicación.

El equipo de Decanatura, compuesto por el Dr. Mauricio Mancilla, la Dra. Ana Traverso, el Prof. Ricardo Molina, el Dr. Vicente Serrano y la profesora Elizabeth Martínez, dieron cuenta, a su vez, de los principales logros y desafíos específicos en las áreas de investigación y postgrado, bachillerato, modificaciones curriculares; extensión y vinculación con el medio, desarrollo de planta académica y gestión administrativa.

El Dr. González finalizó el Consejo agradeciendo las palabras de los Consejeros y el apoyo constante de sus colegas, de los funcionarios y estudiantes en sus dos períodos en que encabezó la Facultad de Filosofía y Humanidades, planteando que “fueron los años más felices de su vida académica y profesional”.

Dr. Mauricio Mancilla Muñoz gana elecciones a Decano

DSC_9124La votación se realizó esta mañana en dependencias del Auditorio del Edificio Eleazar Huerta de la UACh y contó con la votación, presencial, de 41 académicos y vía electrónica de otros dos que dieron por vencedor al Dr. en filosofía, Mauricio Mancilla Muñoz.

El Dr. Mancilla asumirá su nuevo rol el lunes 27 de marzo y lo hará acompañado por la Dra. Karen Alfaro de Prodecana, por el Dr. Gonzalo Saavedra de Secretario Académico, por el profesor Ricardo Molina en la Coordinación de Extensión, por el Dr. Vicente Serrano en la Escuela de Graduados y por la Dra. Marta Silva en la coordinación del Bachillerato.

El programa del nuevo Decano combina la exitosa experiencia que ha vivido la Facultad de los últimos años con los desafíos del porvenir. Asimismo considera y tensiona el actual Plan Estratégico de Facultad (2016-2019), “este programa surge a la luz de un triple diagnóstico, que reconoce y analiza las limitaciones y oportunidades reales de desarrollo de la Facultad, y ejemplifica no solo el actual escenario en que nos encontramos, sino también el modo cómo podemos proyectar, de manera conjunta, el desarrollo de nuestra macrounidad”, señaló el Dr. Mancilla en su propuesta.

A su vez, enfatiza que la Facultad debe implementar alianzas estratégicas con instituciones sociales (públicas y privadas), gubernamentales, medios de comunicación, establecimientos educacionales y universidades regionales (ULA/UFRO, entre otras), en las áreas de la educación, las humanidades, las ciencias sociales y la comunicación. Estamos llamados a corregir, en lo que nos cabe, la fractura al interior del Consejo de Rectores entre las así llamadas universidades del estado y las universidades privadas “tradicionales”.

Los desafíos que asumirá el Dr. Mancilla van asociados a ampliar la oferta pública de carreras y programas de pre y postgrado, crear un área de docencia e investigación en primera infancia y la generación de un programa de formación e investigación interdisciplinaria que rompa con la formación monodisciplinar y aislada según cada carrera. Ello, además, de sumarse al debate por la transformación del sistema de Educación Superior chileno.