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El antropólogo de la Universidad Austral de Chile, Maximiliano Rogel Álvarez, investigó los desafíos y oportunidades que tenía implementar Educación Sexual en Chile en liceos públicos de Valdivia. En su investigación, desarrollada durante todo 2024 para lograr el grado académico y título profesional, reveló ciertas necesidades claves para que su implementación sea efectiva: articulación entre comunidades educativas, redes externas, y toda la comunidad escolar.
Desde la implementación de la Ley 20.580, que establece la obligatoriedad de impartir Educación Sexual Integral (ESI) en los liceos a través de planes de sexualidad, afectividad y género —con un mínimo de dos horas—, su aplicación ha sido irregular y marcada por avances y retrocesos. Esto se debe, en gran parte, a que la ley otorga amplia autonomía a cada establecimiento educacional, dejándolos sin lineamientos claros ni apoyo sistemático para su desarrollo.
Es en ese contexto que Maximiliano Álvarez, actual antropólogo titulado de la Universidad Austral de Chile, decide involucrarse directamente en la elaboración de planes de sexualidad, afectividad y género en establecimientos educacionales, motivado por su experiencia en el DAEM durante su práctica profesional. “En ningún establecimiento habían trabajado antes con un antropólogo para desarrollar planes ESI. Esto es algo totalmente nuevo para ellos, y eso ya hablaba de una gran carencia”, asegura.
Según Rogel, muchos planes recaen exclusivamente en un o una docente sin formación específica ni apoyo suficiente: “La ley mandata a hacer el plan, pero no entrega herramientas reales; básicamente deja a cada colegio haciendo lo que puede”, enfatiza.
Además, explica que, si bien algunos colegios logran articular redes externas —como la Escuela de Obstetricia de la UACh, centros juveniles y otros—, la mayoría desconoce que puede acceder a ese tipo de apoyo: “En una capacitación con 18 establecimientos, 15 no sabían que podían solicitar apoyo”, subraya.
Brechas generacionales y desafíos internos
“La ESI no es solo una clase más: es información que realmente puede salvar vidas”, asegura el joven investigador. Aún así, comenta que, durante su trabajo en terreno, descubrió que la implementación no está exenta de desafíos: mientras profesores jóvenes desarrollan las actividades con entusiasmo, docentes de mayor edad tienden a resistirse.
“Había discusiones sobre si ciertas actividades eran apropiadas o no. Algunos decían que era ‘demasiado’”, relata.
En sus conclusiones, también comenta que la Educación Sexual Integral sigue marcada por un fuerte sesgo heteronormativo, lo que, en sus palabras, invisibiliza otras formas de relaciones sexoafectivas, altamente frecuentes entre los y las jóvenes.
“Se sigue trabajando mucho con figuras heteronormadas, dejando fuera otras experiencias. Hay que diversificar el enfoque”, subraya.
Hallazgos destacados
El investigador destaca que uno de los hallazgos más relevantes fue constatar un alto nivel de conocimiento propio entre los estudiantes: “Conversando con ellos, decían que ya sabían mucho de lo que se les enseñaba, incluso más que sus profesores. Hay un desfase generacional evidente, y eso genera tensión”, asevera.
No obstante, Rogel advierte que la juventud no es homogénea: también hay estudiantes con posturas muy conservadoras, influenciadas por discursos de ultraderecha: “Algunos quieren aprender más, otros se resisten abiertamente a estos contenidos”.
Una Educación Sexual Integral con retroalimentación y políticas claras
Rogel subraya la necesidad urgente de una ley específica que regule de forma clara y uniforme la implementación de la ESI. Esto debería ir acompañado de una capacitación sistemática para los equipos educativos y de mecanismos anuales de evaluación.
“Hoy los colegios, liceos o centros educativos no evalúan cómo les fue con la Educación Sexual Integral. Nadie sabe si el plan funcionó o no. Es urgente incorporar evaluaciones para mejorar”.
En ese sentido, el antropólogo enfatiza que la ESI debe ser comprendida como una herramienta transversal, comunitaria, necesaria y no adoctrinante: “La ESI enseña a reconocer emociones, a poner límites, a respetar a otros. Por eso puede salvar vidas”, concluye.
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José Francisco Cox Lagos es antropólogo titulado en el año 2024 de la Universidad Austral de Chile. Su investigación de tesis se adentró en las complejas dinámicas socioestatales que atraviesan el Lavkenmapu, con especial atención a la figura del tukukan (huerta tradicional mapuche) y su relación con las políticas públicas rurales. Su profesor patrocinante fue Roberto Morales En esta entrevista, reflexiona sobre los cruces entre la cosmovisión mapuche, la intervención estatal y los desafíos de las nuevas ruralidades.
¿Qué te llevó a investigar las dinámicas socioestatales en el Lavkenmapu y cómo defines la relación entre el tukukan y la chacra?
Mi interés surge de una práctica profesional con INIA en el territorio, donde estaban investigando la huerta tradicional. Esas salidas a terreno con Sebastián me dieron el empujón: las entrevistas con las lamgen me hicieron cuestionar la política pública en ese contexto y me llevaron a escalar hacia una antropología del Estado. Siempre me ha interesado el desarrollo rural, en gran medida porque mi mamá siempre ha trabajado en el campo, aunque desde la veterinaria.
La relación entre tukukan y chacra es muy distinta. El tukukan no es solo un espacio productivo, sino sumamente íntimo y a veces estético; responde a los intereses personales de quien lo cultiva, a su vida, a su historia. En cambio, la chacra tiene un enfoque más productivo, por eso encuentra mayor cercanía con la lógica institucional.
¿Cómo describiste la interacción entre usuarios mapuche e instituciones del Estado en tu investigación? ¿Cuáles son los principales desafíos que enfrentan?
Trabajé en torno a la figura de los usuarixs del PDTI, no con comunidades como tal. La relación con la institucionalidad es principalmente instrumental. Los desafíos están en las confianzas, en la colaboración entre ambas partes, y también en las capacidades de involucramiento de las instituciones. Muchas veces las buenas intenciones terminan en asistencialismo si no van más allá de cumplir metas de corto/mediano plazo.
¿Qué impacto tiene la intervención del Estado en las prácticas tradicionales del Lavkenmapu, especialmente en el uso de la tierra y los recursos naturales?
Se evidencian cambios en la matriz socioproductiva. Se reduce el uso de prácticas tradicionales como el uso de desechos del campo, como compostajes o el guano, y se privilegia el uso de fertilizantes químicos y semillas comerciales. Todo esto depende también de factores sociológicos como el tipo de hogar, la mano de obra disponible, y la intención de producción; en cultivos de autoconsumo es menor el uso de químicos, no así en lo destinado a venta.
¿Cómo influyen las estructuras socio-políticas y las políticas públicas en las relaciones sociales dentro de las comunidades?
Aunque no trabajé con comunidades como tal, noté que la institucionalidad podría hacer mucho más en fortalecer el tejido social. Hoy predomina la figura del individuo por sobre lo colectivo, y eso perpetúa formas que alejan a las personas de lo comunitario. La institucionalidad debería trabajar desde la figura de la comunidad, no solo desde la familia o el individuo.
¿Qué rol cumple el territorio (Lavkenmapu) en la identidad y resistencia mapuche?
Es fundamental. No solo como símbolo, sino como una territorialidad activa: el territorio es lo cultural en movimiento, lo que se hace y cómo se hace. Está presente en los vínculos con la tierra y en las prácticas socioproductivas. La relación con el territorio es indivisible para los usuarixs territorializados.
¿Qué tensiones surgieron entre el tukukan y las normativas estatales?
Existen racionalidades distintas. Desde la institucionalidad, el tukukan pierde valor porque no es un espacio productivo en el sentido tradicional. Pero para las lamgen, es un espacio íntimo, que responde a sus necesidades estéticas y prácticas. La perspectiva institucional es productivista y se distancia de la lógica del autoconsumo que caracteriza al tukukan tradicional.
¿Identificaste estrategias de resistencia o adaptación frente a las políticas estatales?
Sí, principalmente el uso instrumental del Estado. Muchos usuarixs tienen núcleos familiares pequeños y han perdido prácticas colectivas como el mingako. Entonces, adaptarse implica usar tecnologías, conseguir un tractor o insumos, lo que puede parecer contradictorio, pero rompe con esencialismos. Usan las herramientas del sistema desde una racionalidad cultural distinta.
¿Cómo impactan estas dinámicas en las nuevas generaciones mapuche y su vínculo con las prácticas tradicionales?
El desarrollo rural que promueve el Estado fragmenta la visión comunitaria al centrarse en individuos. Las nuevas generaciones enfrentan el desafío de rearticular los saberes ancestrales en un contexto donde el tejido social ha perdido fuerza y queda relegado a la memoria. Pero al mismo tiempo hay un deseo de volver al campo y resignificar esos conocimientos.
Desde una perspectiva antropológica, ¿cómo ves la relación entre la cosmovisión mapuche y la gestión estatal del territorio?
El Estado fragmenta el territorio en tierras individualizadas, lo que lo vuelve un medio legal más que cultural. Aunque hay discursos sobre “territorio” desde la institucionalidad, estos no se articulan en políticas públicas reales. Por ejemplo, los PDTI podrían pensarse desde la comunidad, no solo desde la familia.
La cosmovisión está presente en la autocomprensión de los sujetos, pero la noción de territorio articulado varía mucho según el lugar. En algunos sectores como Lleulleu aún se practican dinámicas como el mingako, mientras que en otros hay escasa comunicación entre vecinos. Pensar la gestión del territorio requiere considerar múltiples elementos: el uso de tecnologías, la disponibilidad de agua, la comunidad, la cosmovisión, las forestales. Estas últimas afectan no solo la recolección de lawen o hongos, sino también la disponibilidad de agua y tierra.
¿Qué consejo le darías a quienes se inician en la Antropología y quieren estudiar la relación entre pueblos originarios y Estado?
Que rompan con los esencialismos. La realidad está llena de grises, discursos tristes o contradictorios que también son potentes. Esas áreas grises tienen su brillo, sus propias racionalidades. Y que el análisis sea relacional: los actores están en diálogo constante, las instituciones no son tan estáticas como parecen, y los agentes del Estado son múltiples.
Prestar atención a los detalles: herramientas, animales, plantas… Todo eso también tiene valor en el vivir de las personas. No solo lo humano importa en las redes sociales y simbólicas. Esos detalles marcan la diferencia en cómo se comprenden las actividades rurales hoy.
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En un mundo donde lo digital parece haberse convertido en una extensión natural de nuestras vidas, la tesis de Isaac Nehemías Rivas Moya, titulada “Redes, seres e incertidumbre: una discusión re-imaginativa sobre la ciberantropología y el ciberespacio” (UACh, 2023), propone detenernos a pensar el vínculo entre humanidad, tecnología y ciberespacio desde una perspectiva crítica, filosófica y profundamente antropológica.
Graduado de la carrera de Antropología de la Universidad Austral de Chile, Rivas trabajó bajo la tutela del profesor Fernando Maureira Estrada y el profesor informante Mauricio Mancilla Muñoz. Su tesis dialoga con pensadores como Franco “Bifo” Berardi, Yuk Hui y Arturo Escobar, y se embarca en una profunda reflexión sobre cómo nos relacionamos —o dejamos de relacionarnos— con la tecnología.
– ¿Cuál es el principal hallazgo o propuesta que plantea tu tesis sobre el vínculo entre seres humanos, tecnología y ciberespacio?
Mi tesis plantea una crítica al modo en que el pensamiento occidental ha concebido históricamente a la tecnología como algo separado de lo humano, como una especie de “extrañeza útil” que llega desde afuera. Desde los conflictos entre los sofistas y los socráticos, pasando por Platón, hasta las concepciones modernas de la antropología, ha existido una escisión entre técnica y cultura.
Pero como dice Erik Davis, “hemos sido cyborgs desde el año 0”. La técnica no es un añadido, sino una constituyente de lo humano. La propuesta central de mi tesis es que, más allá del tono apocalíptico que ha teñido muchas reflexiones sobre lo digital, podemos —y debemos— abrir un espacio para reimaginar el vínculo entre tecnología y humanidad. En vez de temer la desensibilización de nuestras experiencias por la aceleración digital, podemos usar esa transformación como una oportunidad para replantear nuestras concepciones sobre lo humano.
– En tiempos donde pasamos gran parte de nuestras vidas conectados, ¿por qué es urgente mirar el mundo digital desde la antropología?
La antropología ha estado en deuda con la reflexión tecnológica. Hoy, nuestras relaciones sociales ya no se articulan solo en lo presencial, sino en flujos invisibles de datos, en algoritmos que interactúan con nuestras emociones y decisiones.
En mi tesis realicé una ciberetnografía con modelos de lenguaje, como GPT, para observar cómo las inteligencias artificiales comienzan a integrarse a nuestras vidas cotidianas como interlocutores, como espejos de nuestras emociones, incluso como herramientas de catarsis. ¿Qué hace la antropología ante esto? ¿Qué hacen las humanidades cuando los foros digitales están llenos de personas interactuando con inteligencias artificiales como si fueran terapeutas?
Para mí, es urgente entrar en estas discusiones sin tecnofobia. Las siguientes generaciones crecerán con estas tecnologías, y necesitamos marcos críticos y sensibles para comprenderlas.
– ¿Cómo cambian nuestras relaciones sociales y nuestras ideas de comunidad en un entorno digital? ¿Qué rol juega la incertidumbre en esto?
Las relaciones se reconfiguran desde la afinidad más que desde la cercanía geográfica. Internet permite que comunidades heterogéneas se formen a partir de intereses compartidos, pero también es un espacio de constante mutación y producción semántica.
La incertidumbre, en ese contexto, se convierte en una herramienta. No como falla epistémica, sino como un ethos, una actitud crítica frente a lo dado. En los entornos digitales, donde los agentes no siempre son humanos y donde la realidad puede ser fácilmente distorsionada, la incertidumbre nos ayuda a mantenernos atentos, a sospechar y a pensar más allá de lo evidente.
– ¿Cómo se vive lo humano en lo digital? ¿Estamos ante una nueva forma de “habitar” el mundo?
La palabra “habitar” para mí es un tanto complicada; la asocio con permanencia, y en la digitalidad las cosas rara vez permanecen. Quizás estamos frente a un deshabitar: deshabitamos espacios que creíamos propios de la experiencia humana para dar paso a este nuevo agente que es la tecnología. Deshabitamos para movernos hacia la aceleración de un mundo que cada vez se nos hace más extraño si lo miramos con los lentes conceptuales del pasado.
Incluso con el cuerpo, podríamos hablar de una deshabitación de nuestra corporalidad. Esto ya sucede con lo que algunos llaman “cultura de la prótesis”. En este contexto, el término “humano” se queda corto para abordar muchas de estas transformaciones, y ahí surge el poshumanismo como una forma interesante de pensarlas.
Si entendemos lo poshumano como una constante creación de concatenaciones que disuelven oposiciones metafísicas (como humano/técnico, natural/artificial), y reconocemos que la relación del homo faber con la técnica ha existido siempre, entonces —como sugiere Yuk Hui— siempre hemos sido poshumanos. Se vuelve urgente que actuemos como tales: que pensemos nuevas formas de relacionarnos con tecnologías que parecen inhumanas, pero que son la otra cara de nuestra existencia. Reflexionar tecnológicamente es una manera de reivindicar nuestra inhumanidad para pensar después del fin, incluyendo en esa reflexión a la biodiversidad y desplazando el antropocentrismo.
– ¿Qué mitos o ideas equivocadas sobre la vida en redes sociales crees que tu investigación ayuda a desmontar o matizar?
A mi parecer suele existir recurrentemente una confusión entre lo que son las redes sociales y la creciente vida digital. Es evidente que las redes sociales componen un lugar esencial en esta digitalidad, pero recorremos los parajes ciberespaciales también cuando leemos un artículo de Wikipedia, interactuamos con softwares inteligentes, usamos plataformas de streaming, o nos desenvolvemos en mundos como la publicidad, la edición, los videojuegos y muchas otras formas co-creativas con estas tecnologías.
Por otra parte, en relación directa con las redes sociales, existe una especie de demonización algorítmica, en la cual culpamos por completo a estas plataformas por la idiotización del contenido, asumiendo que es solo una fórmula matemática la que determina lo que consumimos. Pero sabemos hoy en día que una fórmula no puede explicar a cabalidad un algoritmo si no se considera dentro de un fenómeno más complejo de interacciones algorítmicas.
La idea persistente de que las tecnologías no nos pertenecen termina profundizando estas brechas conceptuales, generando antagonismos casi irresolubles entre personas que se saturan de contenido “brainrot”, sin ver que entrenan a su propio algoritmo con ese tipo de interacciones, como si fuera una profecía autocumplida.
Tiziana Terranova, teórica italiana, tiene un artículo en el libro Aceleracionismos, donde dice que aunque el capital se apropie de estas tecnologías para generar valor y control neuro-totalitario, eso no significa que no podamos hacer nada con ellas. Al contrario, sugiere que debemos recuperar su capacidad de expresar valores estéticos, sociales y éticos. Aquí se vuelve fundamental la educación digital, que nos permita discernir y elegir el contenido que deseamos consumir, y cómo queremos relacionarnos con estas plataformas.
– Tu tesis habla de una discusión “re-imaginativa” sobre el ciberespacio. ¿Qué significa eso y por qué crees que es necesario repensar lo digital?
La idea de “re-imaginativa” surge porque el concepto de ciberespacio ha sido moldeado, muchas veces, por narrativas poco críticas o directamente escapistas, como la del cyberpunk o la declaración de independencia del ciberespacio de John Perry Barlow.
Barlow concebía el ciberespacio como un universo inmaterial, libre de los límites del cuerpo. Pero eso es una ilusión. Toda esa supuesta “inmaterialidad” requiere de una infraestructura física brutal: servidores, cables, energía, minería de datos. Por eso creo que es urgente repensar el ciberespacio desde una mirada crítica y materialista, una que considere tanto sus promesas como sus contradicciones.
– ¿Qué tipo de nuevas preguntas crees que debería hacerse la antropología frente al avance de la inteligencia artificial y los algoritmos en la vida cotidiana?
Hay una entrevista al antropólogo británico Tim Ingold que me parece muy ilustrativa. Él plantea que la antropología debe ir más allá del canon tradicional que la define como el estudio de la otredad humana. Sugiere que debe pensarse como una disciplina especulativa, no solo empírica.
El mayor problema hoy es que la antropología ha fundido su estatuto epistémico con la etnografía, lo cual genera conflictos en ambientes profundamente digitales, donde el empirismo entra en crisis: ¿qué es un hecho en lo digital?, ¿puede observarse realmente?, ¿cómo definimos lo real en estos contextos?
Ignorar estos problemas conceptuales solo agudiza los temores y las confusiones. Por eso, necesitamos una antropología que no tema especular, imaginar, incluso alucinar. Y para eso, se vuelve crucial incluir a la filosofía, especialmente la filosofía de la tecnología, como una herramienta conceptual clave.
No podemos seguir separando filosofía y ciencia. Para abordar la inteligencia artificial y los algoritmos, necesitamos una antropología que se atreva a pensar en futuros posibles sin perder de vista su pasado. Una antropología que se pregunte por el futuro, para no quedar atrapada en su historia.
– Desde tu experiencia ¿cómo motivarías a otros jóvenes a estudiar antropología para comprender fenómenos actuales como las redes, el control digital o la virtualidad?
Que no teman relacionar la antropología con lo que más les llama la atención. No solo con lo digital o lo virtual. El científico también vive de sus deseos y sueños: lee en las vigilias, escribe en el insomnio.
No tengan miedo de no tener certezas sobre lo que quieren hacer. Abracen la incertidumbre que a veces paraliza, e inspírense en ella. Inspírense en el desconocimiento, en la falta de verdades.
Si quieren investigar temas de tecnología, cultiven una actitud autodidacta: aprendan herramientas digitales, familiarícense con software, lean sobre filosofía y técnica. Y, sobre todo, cuestionen cómo pensamos y usamos la tecnología. Como ya dije, nos pertenece, y pensarla también es una forma de reclamarla.
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Ésta es la quinta de un total de doce reuniones que conformarán un informe final que será entregado al Presidente de la República, para dar paso a la creación de una vía institucional y legítima que aborde el conflicto de tierras.
Este lunes 12 de agosto, en las dependencias del edificio Guillermo Araya de la Facultad de Filosofía y Humanidades, se llevó a cabo el encuentro autoconvocado entre el Instituto de Estudios Antropológicos, el Observatorio Ciudadano y diversos representantes de comunidades mapuche de la región de Los Ríos.
La instancia se realizó en el marco del proyecto cofinanciado por la Unión Europea denominado “Promoción y apoyo a la incidencia del pueblo mapuche en el reconocimiento de su derecho a la tierra en el contexto del trabajo de la Comisión para la Paz y el Entendimiento”, (EuropeAid/177904/DD/ACT/CL), que tiene por objetivo documentar los casos de más de 40 comunidades mapuche desde la región del Bio Bío hasta la región de Los Lagos, que buscan sustentar y justificar la necesidad de recuperar territorios ancestrales.
El Instituto de Estudios Antropológicos UACh jugó un papel central en este encuentro , ya que presta asesoría técnica por parte de sus docentes en la documentación de la reivindicación territorial de comunidades mapuche que habitan la región. Sobre esto, la directora del Instituto, Dra. Debbie Guerra, enfatizó que el desarrollo de esta actividad “da cuenta de nuestro compromiso con el territorio y el pueblo mapuche. También da cuenta de la necesidad de que nuestro trabajo esté vinculado a problemáticas de las comunidades con las que nosotros y nosotras trabajamos”.
De esta forma, apoyan la participación e incidencia de la comunidad indígena como parte de las acciones convocadas por la Comisión Presidencial para la Paz y el Entendimiento, creada por el gobierno del presidente Gabriel Boric en junio de 2023, con el propósito de establecer un espacio de diálogo que propicie propuestas viables de reparación entre el Estado de Chile y el pueblo mapuche.
El co-director de la organización no gubernamental Observatorio Ciudadano, Hernando Silva, comentó que en esta quinta jornada “las comunidades participantes del proceso levantaron propuestas específicas en miras de poder generar respuestas a su reivindicación territorial y a la necesidad de modificaciones institucionales que permitan el pleno ejercicio de sus derechos”.
El diálogo se extendió durante toda la jornada del día lunes, donde fue posible plantear 13 puntos clave a tratar, entre ellos se destaca: la declaración de las tierras, el buen vivir, salud y educación intercultural, la transmisión generacional del saber, el trauma histórico y la reparación. Estas ideas serán redactadas en forma de acta que se unirá al resto de las emitidas al culminar las doce reuniones, que darán paso a la formulación de un informe final.
Participación estudiantil
En ese contexto, el tesista de quinto año de Antropología, Bruno Soto, indicó que se sintió motivado a participar del encuentro como forma de apoyar al lof mapu Riñinahue en su proceso de reivindicación territorial, comunidad con la que pudo compartir en otras investigaciones durante su formación profesional. “Estoy ayudando en aspectos técnicos intentando reconstruir los árboles genealógicos y trazar los límites territoriales desde los últimos caciques, que datan desde el 1890 hasta lo que es a día de hoy, como una forma de registrar ese proceso de desposesión”, señaló.
El estudiante también relevó la importancia de que la Facultad de Filosofía y Humanidades, sea parte de este proceso, sobre todo “porque como bien se dijo hoy, el Estado ocupa mucho la ignorancia como a su favor. Además, creo que la articulación que se está dando entre los distintos lofs y organizaciones de Los Ríos es muy fructífero”, puntualizó.
Finalmente, durante el encuentro se hizo un llamado a estar atentos de las actividades a realizar a futuro, ya que durante el próximo enero de 2025 se realizará un seminario de presentación del informe y resultados en las dependencias de nuestra Facultad.
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Felicitamos al equipo editorial de Revista Austral de Ciencias Sociales, la Oficina de Publicaciones de la Facultad de Filosofía y Humanidades y la Biblioteca UACh, por su aporte en la divulgación de esta área.
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Con la conferencia denominada “Nuestras antropologías: reconociendo América Latina” la destacada antropológa e investigadora argentina, Dra. Rosana Guber, compartió su experiencia en el trabajo de campo y dio cuenta de cómo se ha desenvuelto en torno a la etnografía reflexiva presente en sus estudios.
La visita de la académica trasandina fue gestionada gracias a la colaboración del Instituto de Estudios Antropológicos, Escuela de Atropología y el programa de Magíster en Antropología de la Universidad Austral de Chile, y contempló una serie de actividades donde la invitada pudo compartir con estudiantes de pre y postgrado parte de sus investigaciones.
Conferencia
La palabra etnografía proviene de “etnos”, que significa desde los pueblos, desde abajo. Precisamente el mensaje relevante a compartir con la comunidad plantea la necesidad de crear conocimiento antropológico etnográfico. No obstante, Guber compartió con los presentes que mientras no se pregunte lo que no se ha preguntado, dicho conocimiento no se alcanzará.
De ahí que la Dra. Rosana, en sus investigaciones, se encargó de estudiar las experiencias humanas de los soldados argentinos que fueron partícipes en la guerra de las Malvinas. Uno de sus libros a los que más se recurrió, tanto para la presentación como conversación con el público asistente, fue “Experiencia de Halcón” (2016) basado en las experiencias de guerra que los pilotos no pudieron contar.
En la actividad se desarrolló la idea que existe un desconocimiento antropológico de las guerras. Esto ocurre porque a los militares se les suele ver como simples máquinas de matar, no obstante, la Dra. Guber enfatizó la necesidad de “conocerlos a todos: qué hacen, qué enseñan, qué valores tienen, porque somos parte de la misma sociedad”. Es así como planteó a los estudiantes que, en su práctica antropológica, ella buscó recuperar la parte humana de los soldados.
Sobre este tema, el estudiante de primer año de Antropología, Jorge Bluee-Blatter, comentó que “me llamó mucho la atención lo que indicó sobre separarse de lo ideológico para poder entender, comprender e ir hacia el otro. Me hizo sentido porque generalmente uno está juzgando y criticando, pero acá todo lo que ella dijo ayuda a generar esa distancia para poder entender y no solamente juzgar. Tener una visión más abierta y honesta del otro, no construirlo nosotros, sino ver como realmente es”.
Asimismo, su compañero de carrera, Carlos Subiabre, indicó que “una de las cosas que más me gustó fue la forma que tiene ella de hacer antropología. Al ser bastante directa no tiene problema de tratar ciertos temas, como son los militares. En estas presentaciones siempre buscó remarcar que no se debía buscar un punto de vista sesgado por nuestras creencias o pensamientos, sino que debíamos reconstruir el mundo del otro para entenderlo, aunque no estuviéramos de acuerdo”.
Sobre la visita de Guber, la directora del Instituto de Estudios Antropológicos, Debbie Guerra, expresó que “estamos honrados por su presencia y es significante para las y los estudiantes el escuchar a la maestra que leen cotidianamente. Lo que yo he aprendido en estos días de contacto con ella es su profunda humildad y cercanía con los estudiantes, para explicar y dar cuenta de la necesidad de la conversación y discusión para el quehacer antropológico”.
Por su parte, la Dra. Rosana Guber compartió sobre el quehacer antropológico y su paso por la Facultad de la Filosofía y Humanidades que, “fue una experiencia muy interesante. Yo no conocía a esta universidad y tampoco conocía a los estudiantes. Sí conocía profesores porque había leído algunas cosas, pero la presencia aquí es otra cosa. Estos intercambios son realmente muy importantes para la antropología de la región porque permite hacerse nuevas preguntas y ayuda a pensar”.
Otras actividades realizadas
Durante su visita, el martes 27 y miércoles 28 de junio, la académica participó de conversatorios dirigidos a estudiantes de pregrado y postgrado de la Facultad Filosofía y Humanidades, en el compartió sus conocimientos en el área, para orientar a estudiantes y resolver las dudas que surgen en la práctica de la profesión.
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El evento de presentación se realizó durante la tarde del miércoles 24 de mayo, en el auditorio Eleazar Huerta. En la instancia, los egresados de antropología UACh y autores del libro Héctor Olivares, Carla Contreras, Juan Carlos Muñoz y Katherine Correa, dieron a conocer los detalles y contenidos del escrito que tiene por objetivo valorar los saberes locales y contribuir al legado histórico del territorio.
Su nombre, cataclismo, surgió en base a los estragos que causó el terremoto no solo a nivel regional o nacional, sino también a nivel mundial en países como Filipinas y Japón. Denominándosele así, por su cualidad como fenómeno que afectó a la sociedad en su conjunto.
La obra está ordenada en un formato de antes, durante y después del terremoto. Dicho orden se acompaña de los relatos entregados por 50 entrevistados pertenecientes a la ciudad y cuenca de Valdivia, la región de la Araucanía y de Los Lagos. Esto con el fin de crear una polifonía de voces, donde se sustenten los testimonios con la información rescatada de los periódicos de la época.
La antropóloga y coautora del libro, Carla Contreras, destacó el valor de los relatos y la necesidad de que los jóvenes tengan a la mano una historia que es relevante a nivel mundial. Por lo mismo, el libro se encuentra disponible y descargable gratuitamente haciendo clic aquí.
El profesor del Instituto de Estudios Antropológicos, Fernando Maureira, catalogó el vínculo del libro con la Facultad de Filosofía y Humanidades como doblemente importante, “primero, porque son ex alumnos de la universidad y este es un medio que nos permite reconocer su trabajo; y por otro lado, es importante que como Facultad podamos brindar los espacios para que se produzca una efectiva vinculación entre el quehacer de la universidad y la ciudad”.
Por su parte, la estudiante de cuarto año de la carrera de Antropología, Isabel Camilla, compartió su experiencia en el evento y enfatizó que, “hay que seguir haciendo esta difusión de los relatos. Al final del día es una experiencia para las generaciones que vienen, porque a través de los testimonios pueden empatizar y aprender de lo que pasó”.
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El pasado miércoles 15 de junio, en el Museo de la Exploración del Campus de los Museos UACh, se realizó la presentación del libro “El Protectorado de Indígenas en Chile. Estudio introductorio y fuentes (1898-1923)”, cuya autoría pertenece a Gertrudis Payás Puigarnau de la Universidad Católica de Temuco y Jorge Pavez Ojeda de Universidad de Atacama.
La obra fue presentada por los académicos del Instituto de Estudios Antropológicos, María Pía Poblete Segú y Roberto Morales Urra, y el académico del Instituto de Historia y Ciencias Sociales, Alberto Harambour Ross. En la jornada asistieron académicos, estudiantes de pre y postgrado, además de representares de comunidades indígenas de la región de Los Ríos.
Sobre el texto
Según lo señalado por sus autores, el Protectorado de Indígenas fue una institución jurídico administrativa del Estado chileno, creada por la llamada Ley de Radicación del 4 de diciembre de 1866, operando operó entre 1866 y 1874, fue luego suspendida entre los años 1875 y 1884 y retomó su actividad en 1885, alcanzando su mayor desarrollo institucional y cobertura territorial entre los años 1909 y 1916.
En ese contexto, consideran al Protectorado de Indígenas como sobrevivencia colonial, desde el Derecho Romano y Derecho Indiano, destacando para el siglo 16 la importancia de Fray Bartolomé de las Casas. En el período estudiado (inicios siglo XX), identifica a los Protectores con jurisdicción en Cautín, Valdivia y Osorno; relevando a Eulogio Robles Rodríguez, Protectorado 1900-1913.
Destaca las relaciones políticas delas organizaciones mapuche de la época, en particular la Sociedad Caupolicán con el Gobierno de Chile, exigiendo un cabal cumplimiento de las funciones del Protectorado.
La académica del Instituto de Estudios Antropológicos, María Pía Poblete, indicó que este libro es un aporte de un trabajo monumental tanto de recopilación como de antecedentes del Protectorado como del estudio introductorio.
“En esta presentación, lo que hice fue intentar aproximarme desde algunas perspectivas, que están muy relacionadas al mundo huilliche, con el proceso de usurpación de tierras entre los mapuche-huilliche. En ese sentido, uno puede comparar el aparataje jurídico con la alfabetización, con la escritura y castellanización, y darse cuenta que están muy vinculados ya que el hecho de que las tierras hayan estado expuestas a ser usurpadas, llevó a que las comunidades intenten apropiarse de herramientas chilenas y españolas (en el periodo colonial español) como estrategias para mejorar su incorporación en la sociedad ante estos atropellos”, puntualizó.
Así mismo, agregó que “muy tempranamente el mundo huilliche comprende la importancia de la alfabetización para poder defenderse de estos atropellos. Por otro lado, este texto se nos ofrece múltiples entradas, gracias a sus relatos que tienen su centro en las políticas de radicación a través de la figura del protectorado, la cual protege al pueblo mapuche”.
Autores
Por su parte, la co-editora y docente de la Universidad Católica de Temuco, Gertrudis Payás Puigarnau, cuya línea de trabajo en investigación es la historia de la mediación, la historia de autores y de intérpretes, explicó que este libro fue concebido a partir de un exhaustivo trabajo de cuatro años de recopilación, transcripción y revisión.
“Luego de la presentación de esta jornada, me parece que el libro tendrá más vida ahora, ésta, es una obra con la que no se termina una historia o un debate, es un libro que va a dinamizar mucho los estudios sobre esta región y el conflicto siempre presente entre la sociedad chilena y la sociedad mapuche. Estamos muy contentos de poder compartir el resultado de una investigación que nos llevó bastante tiempo recopilando y transcribiendo todas las memorias (informes anuales) de los protectores, además, ese contenido lo complementamos con una serie de otras fuentes que pueden servir para iluminar ese documento”, expresó.
Gertrudis Payás agregó sobre el libro que, se trata de un estudio introductorio muy completo que contiene informes, fotografías, cuadros, un glosario, además de índices de contenidos.
“En sí, es una obra enciclopédica sobre el protectorado que va a permitir tanto a profesores como estudiantes de pregrado y postgrado acercarse a ese periodo tan importante de la historia regional, que engloba detalles de lo sucedió en La Araucanía, Los Ríos u Los Lagos”, puntualizó.
Sobre la presentación del libro, el académico de la Universidad de Tarapacá, Jorge Pavez Ojeda, valoró el debate, las reflecxiones y las diversas lecturas del texto por los investigadores locales.
“Me parecieron muy interesantes las lecturas que ofrecieron de los diferentes textos expuestos por los presentadores, cada uno desde su área de investigación aportó en temas como educación, el despojo de tierras de los mapuche huilliche. Lo que siempre aparece con este libro, es que, a pesar de ser un documento histórico que va entre el 1880 y el 1930, todos los contenidos que están descritos ahí se han estado discutiendo en el actual proceso constituyente del país y han estado debatiéndose en la Convención. Estos temas tienen que ver con cómo se restituye el derecho de los mapuche a su territorio y cómo éstos han sido sistemáticamente maltratados por las instituciones públicas. Todas esas cosas se ven tanto en esa época colonial como ahora, entonces le da mucho sentido a la necesidad de cambiar de una vez esta relación colonialista con el pueblo mapuche, huilliche , lafkenche, etc”, señaló.
Distribución del libro
El libro estará disponible en línea a través de la Biblioteca Nacional, y se puede adquirir a través de los canales de distribución del Centro de Investigaciones Barros Arana.