En estos días de julio se conmemoran 60 años de esa epopeya moderna que fue la “Operación Riñihue”. Es una historia que desde que llegué a Valdivia hace algunos años me impresionó profundamente. El terremoto de magnitud 9,5, que dos meses antes había transformado para siempre el sur de Chile, produjo tres grandes deslizamientos o ‘tacos’ que bloquearon el flujo de agua del río San Pedro o Wazalafquén, como lo llaman los Mapuche, el río encargado de llevar al mar las aguas que bajan a través de siete lagos desde la cordillera de los Andes hasta la bahía de Corral. Cerca de 450 paleros coordinados con ingenieros y técnicos trabajaron contra el tiempo para desaguar de manera controlada la enorme masa de agua que se acumulaba en el lago Riñihue como producto del bloqueo producido por los tacos. La memoria local recuerda el ‘Riñihuazo’ como una hazaña colectiva que permitió aplacar el enorme desastre que habría significado la descarga descontrolada de los 2.500 millones de metros cúbicos de agua almacenados. Esta historia contiene numerosas lecciones de solidaridad humana y nos hace reflexionar sobre nuestra frágil posición ante las fuerzas de la naturaleza. Pero hay un hecho que opaca esta conmemoración. Desde hace 12 años la empresa Colbún S.A. intenta imponer un peligroso proyecto hidroeléctrico en el río San Pedro. Se trata de una central hidroeléctrica de embalse sin regulación de 170 MW de potencia que significaría la construcción de una presa de 56 x 120 mts. a pocos kilómetros de los antiguos tacos que produjeron el ‘Riñihuazo’. Por más de una década la empresa no ha sido capaz de dar respuestas claras frente a las dudas de las comunidades que temen, con razón, que fenómenos sísmicos y deslizamientos como el de 1960 se vuelvan a producir, pero esta vez con una presa actuando como ‘taco’ deliberadamente impuesto. Por otra parte, Colbún no ha dado respuestas técnicamente satisfactorias a las numerosas observaciones hechas por científicos de la Universidad Austral que apuntan principalmente a riesgos geológicos, impactos en el paisaje, en el patrimonio paleontológico y en la fauna acuática. El proyecto, que ya tiene un 15% de avance, se encuentra detenido desde el 2011 a causa de la inestabilidad de la roca donde se construiría la presa. En el mes de septiembre Colbún debe presentar respuesta a las miles de observaciones, literalmente, hechas por servicios públicos y por la ciudadanía al último proyecto de adecuación presentado. Mientras las comunidades que habitan la cuenca proyectan una relación sustentable con el río, impulsando el turismo y el rescate del patrimonio natural y cultural, Colbún insiste en utilizar el agua como combustible en un proyecto energético que tiene, valga la metáfora, pies de barro. Más aún, negándose a asumir que la cuenca es un sistema socioecológico integrado y complejo, la empresa identifica como área de influencia del proyecto apenas un pequeño porcentaje del territorio al cual le incumbe una intervención de esta magnitud. Hace un tiempo, conversando sobre el modelo extractivo chileno, el ecólogo Juan Pablo Orrego me comentó que éste se caracterizaba por “destripar los territorios”. La imagen me quedó bien grabada y, tristemente, aplica bien en este caso. En un momento de crisis aguda como el actual debemos avanzar decididamente en restaurar, regenerar y conservar los espacios que son fuente de vida, no insistir en proyectos nocivos que sólo distribuyen daño ambiental y riesgo para la población. Ahora que conmemoramos la hazaña del ‘Riñihuazo’ no olvidemos que ésta consistió justamente en trabajar solidariamente para que el río pudiera fluir libremente, 60 años después trabajar con idéntico fin sigue siendo la mejor manera de honrar esa memoria.
Categoría: Instituto de Historia y Ciencias Sociales
Con conferencia sobre género y trabajo precario en la agricultura se inauguró Año Académico de Historia y Ciencias Sociales UACh
Con más de 100 asistentes virtuales, este jueves 9 de julio se llevó a cabo el acto que dio inicio al Año Académico de los programas de pregrado y posgrado de Historia y Ciencias Sociales de la Universidad Austral de Chile.
La jornada, fue organizada conjuntamente por el Instituto de Historia y Ciencias Sociales, Escuela de Historia y Ciencias Sociales, Magister en Historia del Tiempo Presente y el Magister en Desarrollo Rural de la Facultad de Filosofía y Humanidades.
El encargado de dar la bienvenida y presentar a la invitada fue el Director de la Escuela de Graduados, Dr. Fabián Almonacid, quien destacó la vasta trayectoria académica e investigativa de quien actualmente es docente en la Escuela de Geografía de la Universidad Academia de Hu y manismo Cristiano, es parte del CEDEM, Centro de Estudios para el Desarrollo de la Mujer, desde 1990 y ha sido responsable de nueve proyectos Fondecyt entre 1994 y 2020 en el medio rural y urbano, relacionados con estudios sobre trabajo, familia y género.
La conferencia llevó por título “Género y trabajo precario en la agricultura globalizada”, espacio donde la Dra. Ximena Valdés reflexionó sobre las distintas categorías de desigualdad en las que se ven insertas mujeres que laboran en oficios propios del mundo agrícola y campesino, principalmente es la zona norte y central del país.
“A grandes rasgos la precariedad en el trabajo temporero se basa en inestabilidad, estacionalidad, vulnerabilidad e informalidad. Cuando se uno indaga y pretende colocar el enfoque de género en investigaciones en las que trabajamos, no solo hay que poner atención en el trabajo o campo laboral sino que también hay que investigar lo que pasa en los espacio reproductivos, es decir, al interior de la familia. Desde los siglos XIX y XX en nuestro país se promovió a la mujer en la casa bajo la constitución de familia conyugal, pero con la irrupción de las agriculturas globalizadas por los enclaves hortofrutícolas, propios del trabajo de exportación, se comienza a establecer aumentos de la jefatura de hogar femenina. Actualmente, se puede mencionar que, cerca de un tercio de la fuerza de trabajo en la fruticultura es femenino”, indicó.
La académica agregó que, existen importantes diferencias sociales y territoriales en el trabajo campesino, tanto en diferencias salariales como en la inversión de tecnología utilizada para la exportación.
“Podemos decir que la región de Atacama duplica los salarios en La Araucanía, pero en ambos casos podemos encontrar similares características de desigualdad en género, etnia y nacionalidad. Sobre las diferencias entre hombres y mujeres en el mercado laboral agrícola podemos decir que, el empleo femenino es estacional y corresponde al 70% del empleo anual, sólo el 10% de trabajo tiene empleo agrícola permanente. Respecto al empleo masculino, el 18% del empleo anual es estacional y el 90% de fuerza de trabajo con empleo agrícola permanente”, puntualizó.
La docente también reflexionó sobre la experiencia de incorporar la dimensión espacial al concepto de territorios circulatorios, que insta a movilidad geográfica por la presencia de empresas nacionales y transnacionales.
La exposición de la Dra. Valdés generó mucho interés por parte de la comunidad universitaria local y nacional, quienes demostraron una importante participación con comentarios y preguntas.
Sobre la situación actual que vive el país a consecuencia del COVID-19, la académica mencionó que, “debido a la situación de confinamiento en las economías campesinas, se puede decir que existe un aumento en la precarización de las mujeres en los sectores rurales ya que a las mujeres les exige mucho más. La subordinación de las mujeres y los niveles de violencia en los sectores rurales es brutal”, dijo.
Finalmente, la Dra. Valdés agradeció la oportunidad de intercambiar ideas y puntos de vista respecto a estas temáticas e instó a las y los académicos de la Facultad a seguir generando este tipo de instancias de diálogo y debate respecto a temáticas que involucran investigación en y del territorio.
Revisar el registro de la conferencia completa aquí:
Dra. Ximena Valdés dictará conferencia inaugural de Año Académico Historia y Ciencias Sociales en la UACh
Con la conferencia titulada “Género y trabajo precario en la agricultura globalizada”, la destacada académica de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano y Directora Magister Geografía, Ambientes y Territorios de la misma institución, Dra. Ximena Valdés Subercaseaux, este jueves se realizará la Inauguración de Año Académico de Historia y Ciencias Sociales de la Universidad Austral de Chile.
La jornada, es organizada conjuntamente por el Instituto de Historia y Ciencias Sociales, Escuela de Historia y Ciencias Sociales, Magister en Historia del Tiempo Presente y el Magister en Desarrollo Rural de nuestra casa de estudios.
La actividad está programada para el próximo jueves 09 de julio, a las 17:00 horas, y será transmitida por zoom y Facebook Live de la Facultad de Filosofía y Humanidades UACh.
Para acceder a las coordinadas de la transmisión en zoom, las y los interesados deben llenar la siguiente FICHA DE INSCRIPCIÓN
Dra. Ximena Valdés Subercaseaux
Estudió Historia y Geografía, y Arqueología en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile e ingresó a la Carrera de Geógrafos, de la cual fue expulsada junto a otros estudiantes y profesores el año 1974. Finalizó la Licencia, Maestría y Diploma de Estudios DEA en la Universidad de Paris VII, Francia. Realizó en la Universidad de Santiago/IDEA el Doctorado de Estudios Americanos en la mención Historia Económica y Social.
Es docente en la Escuela de Geografía de la Universidad Academia de Humanismo y está a cargo del programa de magíster de esa escuela. Forma parte del CEDEM, Centro de Estudios para el Desarrollo de la Mujer, desde 1990. Ha sido responsable de nueve proyectos Fondecyt entre 1994 y el presente en el medio rural y urbano, relacionados con estudios sobre trabajo, familia y género.
Facultad de Filosofía y Humanidades impulsa campaña “Por el Derecho de jugar y leer en tiempos de Covid-19” de recolección de libros y juguetes para niños y niñas.
Bajo la premisa “Por el Derecho de jugar y leer en tiempos de Covid-19” la Comunidad que constituye la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Austral de Chile, ha impulsado la campaña de recolección de juguetes y libros para niños y niñas, con el objetivo de que el contexto de la actual crisis social, económica y sanitaria producto del COVID-19, nos comprometamos colectivamente a resguardar los derechos de la infancia en conjunto con las familias de Valdivia.
La campaña tiene como objetivo recaudar y distribuir libros y juguetes–nuevos y usados (en buen estado)-, para apoyar el desarrollo y recreación de niños y niñas de entre 0 y 14 años, los cuales han visto afectadas sus rutinas escolares y de socialización a causa del aislamiento social preventivo.
Se invita a participar en esta instancia solidaria a estudiantes, funcionarios y académicos de la Universidad Austral de Chile, así como también a la comunidad valdiviana.
Lugares de acopio:
Los libros y juguetes se recepcionarán hasta el lunes 22 de junio en:
- Restaurant Das Haus, ubicado en O´Higgins #394, de 13:00 a 19:00 horas.
- Bar Bundor, ubicado en Los Alerces #31 Isla Teja , de 12:30 a 19:30 horas.
Académicos del núcleo DesDeh analizaron crisis social chilena desencadenada en octubre 2019
Entre el 27 y el 29 de mayo el Núcleo de Estudios Interdisciplinarios en torno a la Desigualdad y Derechos Humanos (DesDeh) de la Universidad Austral de Chile organizó su primer seminario internacional “Octubre 2019: ¿La Rebelión Contra el Orden?”, el cual contó con la participación de los investigadores de DesDeh e invitados nacionales y extranjeros.
La conferencia inaugural de esta actividad, que se llevó a cabo mediante la plataforma Zoom, estuvo a cargo del Dr. David Pavón-Cuéllar. Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, la cual se denominó “Chile como cuna y tumba del sujeto neoliberal: historización exterior de una singularidad universal”.
La académica de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales UACh y Directora de DesDeh, Dra. Yanira Zúñiga, comentó que “el núcleo DESDEH promovió este seminario, por un lado, como un espacio para reflexionar, casi de manera sincrónica, sobre los sucesos del llamado estallido social y, por otro, para visibilizar y compartir la investigación interdisciplinar que se realiza al interior de éste. Este trabajo de investigación, desde distintos ángulos y disciplinas, viene tematizando varias de las cuestiones que favorecieron la eclosión de esta reciente crisis en Chile. Nos satisface la manera en que el seminario se ha realizado, pese a las condiciones excepcionales que vivimos. En efecto, las ponencias han sido de gran nivel y la discusión de ellas muy fructífera e iluminadora. Nos complace y enorgullece también que nuestra investigación sea una especie de pensamiento en acción, un conocimiento útil para interpretar estos y otros sucesos; y esperamos que prontamente podamos poner a disposición de toda la comunidad chilena un libro que recoja las distintas ponencias y conferencias presentadas durante el seminario”.
“También quiero agradecer por esta vía a las y los profesores de otras casas de estudio que nos acompañaron, en especial, a quienes nos ofrecieron las conferencias: David Pavón Cuéllar, María Luisa Méndez, Juan Pablo Luna y Verónica Schild”, sostuvo la académica.
Exposiciones
Durante los tres días en que se realizó este seminario se desarrollaron diversas exposiciones, las cuales permitieron generar un nutrido diálogo y reflexión entre los asistentes.
Ver video Seminario Internacional “Octubre 2019: ¿La Rebelión Contra el Orden?”
El primer panel denominado “Crisis y Memoria” estuvo integrado por las exposiciones “Nuevas identidades de los activistas de derechos humanos: memoria desplazada en tiempos de estallido social en Puerto Montt y Valdivia” a cargo de los académicos Prof. José Cabrera y Prof. Daniel Jofré del Instituto de Psicología UACh Sede Puerto Montt y Dr. Robinson Silva del Instituto de Historia y Ciencias Sociales de la Facultad de Filosofía y Humanidades UACh. Posteriormente la Dra. Daniela Accatino, académica del Instituto de Derecho privado y Ciencias del Derecho de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales expuso “La crisis como momento transicional”.
El segundo panel “Crisis y representación” estuvo compuesto por las charlas ““Explicar” el Octubre Rojo chileno de 2019. ¿Crisis, “estallido social”, “despertar del pueblo”?” a cargo del Dr. Hernán Cuevas, académico del Instituto de Historia y Ciencias Sociales de la Facultad de Filosofía y Humanidades UACh y el Dr. Jorge Budrovich Sàez, académico del Doctorado en Estudios Interdisciplinarios sobre Pensamiento, Cultura y Sociedad, Universidad de Valparaíso.
Luego se presentó la ponencia “¿Qué está mal con la representación política en Chile?” del académico del Instituto de Derecho Público de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales UACh, Dr. Felipe Paredes. Finalizó el segundo panel la ponencia “El retorno de la categoría pueblo en los lenguajes políticos de la revuelta social de Octubre/2019” a cargo de los académicos del Instituto de Historia y Ciencias Sociales de la Facultad de Filosofía y Humanidades UACh, Dr. Juan Pablo Venables y Dra. Karen Alfaro.
En el tercer panel “Crisis y Violencia de género” se presentó la ponencia “Violencia sexual policial y tratamiento jurídico: un análisis de casos” a cargo de Gabriel Miralles, del Programa de Doctorado Constitucionalismo y Derecho de la UACh.
La siguiente charla fue “Estrategias feministas de respuesta a la violencia contra las mujeres: el caso chileno” a cargo de la Dra. Yanira Zúñiga, académica del Instituto de Derecho Público de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales y la Prof. Debbie Guerra, académica del Instituto de Estudios Antropológicos de la Facultad de Filosofía y Humanidades UACh.
La sesión del jueves 28 de mayo comenzó con la conferencia “Desigualdades territoriales y estallido social en Chile: percepciones de conflicto, cohesión y crisis en perspectiva temporal” a cargo de María Luisa Méndez, Directora COES.
Siguió el cuarto panel “Crisis y Territorio” con las exposiciones: “La revolución de octubre más allá́ de la ciudad: movimientos, resistencias y fracturas en y desde el espacio rural” a cargo de la Dra. Carla Marchant Santiago, académica del Instituto de Ciencias Ambientales y Evolutivas de la Facultad de Ciencias y el Dr. Yerko Monje Hernández, académico del Instituto e Historia y Ciencias Sociales de la Facultad de Filosofía y Humanidades UACh.
Continuó “Un territorio marcado por el estallido social: diálogos entre la identidad y la geografía cultural”, exposición de la Dra. Laura Rodríguez, académica del Instituto de Arquitectura y Urbanismo de la Facultad de Arquitectura y Artes UACh. Finalizó este panel
“El territorio como sujeto: conflictos y estallido en perspectiva histórica”, expuesto por el Dr. Hugo Romero Toledo, académico del Instituto de Estudios Antropológicos y el Dr. Robinson Silva Hidalgo, académico del Instituto de Historia y Ciencias Sociales, ambos de la Facultad de Filosofía y Humanidades UACh.
El quinto panel se denominó “Crisis y el modelo económico-social” y estuvo compuesto por la exposición “La crisis del orden social neoliberal y los límites de lo posible” a cargo del Dr. Fabián Almonacid, académico del Instituto de Historia y Ciencias Sociales de la Facultad de Filosofía y Humanidades y el Dr. Luis Fernando de Matheus, académico de la Facultad de Ciencias UACh.
Posteriormente se expuso “El “estallido social” y su impacto político en los trabajadores de plataformas: un ensayo de etnografía digital de conductores de aplicaciones” a cargo del Dr. Alberto Coddou Mc Manus, académico del Instituto de Derecho Público de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales UACh. Le siguió “Tres Crisis, una solución: El caso para la Renta Básica Universal en Chile” a cargo de la Dra. Leticia Morales del Instituto de Derecho Público y Ciencias del Derecho, UACh Sede Puerto Montt y Jurgen De Wispelaere, Stockholm School of Economics, Rig.
El viernes 29 de mayo comenzó con el Sexto panel “Crisis e Inclusión” estuvo compuesto por la charla “Discapacidad y proceso constituyente: claves para la fomentar la participación de las personas con discapacidad” a cargo del Dr. Pablo Marshall, académico del Instituto de Derecho Público (Valdivia), la Dra. Viviana Ponce de León, Instituto de Derecho Público, UACh (Puerto Montt) y Eduardo Marchant, Doctorado en Constitucionalismo y Derecho UACh.
“El ejemplo que seguir: la posibilidad de crítica a las políticas de inclusión de PsD bajo una exacerbada lógica de mercado” exposición a cargo de las académicas del Instituto de Aparato Locomotor y Rehabilitación de la Facultad de Medicina Dra. Marcela Apablaza y Dra. Jimena Carrasco y de Asún Pie, Universidad de Barcelona.
El último panel estuvo a cargo del académico de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Dr. Juan Pablo Luna, quien expuso “¿Qué desigualdades se politizaron el 18-0? ¿Con qué consecuencias?”.
Finalizando este seminario se expuso “Sujetos neoliberales diferenciados, producción de la vida y rebelión en curso: El género como dimensión necesaria de un análisis comprometido” a cargo de la Dra. Verónica Schild, University of Western Ontario, UWO.
Conversatorio Miradas Patrimoniales: Debates, expectativas y propuestas
En el marco del Día del Patrimonio, la Escuela de Historia y Ciencias Sociales, en conjunto con el Instituto de Historia y Ciencias Sociales y la Dirección Museológica UACh, han organizado el conversatorio “Miradas Patrimoniales: Debates, experiencias y propuestas”.
La jornada contará con la participación de la Coordinadora del Área de Educación Patrimonial Dirección Museológica Universidad Austral de Chile, Carolina Maturana Ibáñez; el Geógrafo, Socio ONG POLOC y Docente Escuela de Geografía UACh, Patricio Contreras Fuentes y la representante del Proyecto Patrimonio Ferroviario Los Ríos, Yoselin Jaramillo Belliazzi.
El conversatorio será moderado por el director del Instituto de Historia y Cs. Sociales prof. Ricardo Molina y se desarrollará el día viernes 29 de mayo, a partir de las 18:30, a través del fanpage de Facebook de la Escuela de Historia y Ciencias Sociales y por la plataforma zoom.
Acceder a Facebook Escuela de Historia y Cs. Sociales
A propósito del día internacional contra la homofobia, lesbofobia, transfobia y bifobia.
El domingo 17 de mayo se conmemoró el Día internacional contra la homofobia, lesbofobia, transfobia y bifobia. Este día es, sin duda, un hito para la comunidad y movimiento LGBTIQ+, ya que conmemora la eliminación en 1990 de la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales establecidas por la Organización Mundial de la Salud. Ahora bien, como llamado y perspectiva de realidad, no hay que olvidar que recién en 2018 la “transexualidad” dejó de ser considerada un trastorno y suprimida de la misma lista para avanzar en la despatologización de las identidades trans, y aún más, en la actualidad muchos países siguen penalizando y criminalizando identidades y expresiones de género que escapan a la heteronorma.
Más allá de los debates históricos sobre la temática, aquel hito se ha significado como una instancia de visibilización de las violencias y desigualdades a los que se enfrentan estos colectivos, tanto a nivel nacional e internacional. No olvidemos que a pesar de los “avances” en el discurso público y gestos políticos, siguen ocurriendo asesinatos y agresiones cada día. Como ejemplo, el propio MOVILH declara que desde el inicio de la pandemia, los abusos a personas LGBTIQ+ han aumentado en cerca de un 40%. Situación que se agudiza y profundiza con las violencias de género contra mujeres en situación de confinamiento, tal como han evidenciado distintas agrupaciones y colectivas feministas.
Esta conmemoración nos invita a reflexionar que más allá de una fecha en especial, no es suficiente levantar la bandera de la diversidad e inclusión una vez al año (si es que se hace). Las instituciones educativas, incluyendo las universitarias, tienen un deber por establecer la inclusión y promoción de la diversidad como un sustrato fundamental de su quehacer y no solo un requisito más dentro de un plan de gestión. No olvidemos que las instituciones de educación superior son espacios articuladores para distintas áreas de saber y cuna de futuros profesionales, por tanto, pasos concretos como la creación de reglamentos de AVD, y el reconocimiento y uso del nombre social establecido por distintas casas de estudio – como la UACh en 2019 – ciertamente son necesarios y marcan un camino. En este sentido, sus acciones toman especial relevancia en su rol de formadoras de profesionales, como educadores y educadoras por ejemplo, ya que serán los encargados de forjar la impronta de atención y consideración de la diversidad en las nuevas generaciones.
La visibilidad de la diversidad y la diferencia no puede entenderse solo en clave binaria, como ha predominado en el discurso público y político; cuyas dinámicas transitan en los debates hombre/mujer o femenino/masculino. Si bien se ha avanzado sostenidamente en políticas que promueven la igualdad de derechos, existe una enorme deuda con la población que no participa en ninguna de las identidades hegemónicas, y bajo distintas expresiones de género. Precisamente, desde un debate interseccional, es necesario denunciar, visibilizar y disputar espacios de poder, para avanzar de manera significativa y sostenida en el respeto y promoción de la diferencia, en todos sus espectros posibles, desde una profunda valoración a los Derechos Humanos.
Este día internacional contra la homofobia, lesbofobia, transfobia y bifobia, es un llamado a presentar y debatir conceptos como diferencia, diversidad, expresión y género, en el sentido más abarcador y profundo de su significado. No es una convocatoria solo a grupos específicos, es una invitación a pensar nuestra sociedad con urgencia de amplitud y empatía, para visibilizar la diferencia como eje articulador de futuros posibles, especialmente en momentos de crisis.
Por la memoria de Mistral, Lemebel Daniel, entendamos la inclusión y diferencia como valor fundamental y profundamente humano. De esta forma, construiremos una sociedad donde ningún niño, niña o niñe se sienta extraño o solo, ninguna persona sea violentada o asesinada por su sexo, identidad y expresión de género, nadie piense por ello que el suicidio es una opción, y que ninguno termine oculto y reprimido, por miedo a represalias laborales, sociales y políticas.
Finalmente, ese es el valor de la diversidad y diferencia. Es un discurso por y para la vida. No estamos solos.
*** Las opiniones vertidas en este texto, representan únicamente el pensamiento del autor, bajo ningún caso deben ser entendidas como la posición de alguna nstancia institucional de la Universidad Austral de Chile.
Estudiantes de Pedagogía en Historia y Cs. Sociales valoran actividades virtuales de inducción a la vida universitaria
Hace dos semanas, las y los estudiantes de la promoción 2020 de las siete carreras de la Facultad de Filosofía y Humanidades dieron inicio a su año académico. Cada una de las escuelas, preparó actividades de interacción e introducción a las asignaturas y procesos administrativos propios de la vida universitaria para sus estudiantes.
En ese contexto, la Escuela de Historia y Cs. Sociales utilizó distintas plataformas virtuales para desarrollar seminarios y reuniones con el objetivo de prestar orientación a los nuevos estudiantes respecto a diversas temáticas. En dichas jornadas participaron más 200 personas, entre estudiantes de primer año, cursos superiores, profesores, funcionarios y egresados.
El director de escuela, Yerko Monje, indicó que “planificamos este programa con el propósito de que nuestros nuevos estudiantes conozcan de la mejor forma posible en este contexto, las distintas iniciativas, proyectos y espacios que desarrollamos en nuestra carrera. Este programa fue construido gracias a la retroalimentación de los propios estudiantes de cursos superiores y docentes de la carrera, por tanto es un esfuerzo colectivo de todos los integrantes de la carrera, para dar la mejor bienvenida a la generación 2020. Estamos muy contentos por la alta participación, ya que en los complejos tiempos que enfrentamos, es importante acompañar y plantearnos en comunidad y colectividad”.
Los registros de las actividades antes mencionadas han sido transmitidos en las cuentas de Facebook e instagram de la Escuela, espacios donde las y los estudiantes han podido dejar sus comentarios y consultas respecto a cada una de las iniciativas.
Experiencias
“Las actividades me parecieron de lo más gratificante, el calendario fue publicado en todas sus redes sociales, en grupos de WhatsApp a mi parecer no existieron mayores problemas de comunicación. Durante las charlas se hablaron temas de interés que me ayudaron a motivarme aún más sobre el contenido académico de carrera y darme cuenta de que fue una buena elección la que hice”, explicó Rocío Silva, proveniente de la ciudad de Osorno.
Asimismo, Josefa Oñate de Valdivia mencionó “En mi caso fue difícil elegir la carrera, uno sale de 4° medio muchas veces sin saber qué es lo que quiere en la vida y yo estudie en un Liceo Técnico con especialidad en enfermería, pero se impartían las materias obligatorias entre ellas estaba Historia, era la que más me apasionaba. Elegí Pedagogía en Historia aún sin saber si estaba equivocándome o no en mi decisión, pero al ver la malla sentí que era genial y apasionante. Con estas actividades me motive muchísimo y me quedo claro que había tomado la decisión correcta, siento que a pesar de ser una instancia virtual se nota el compromiso y apoyo del director y los profesores. Fue una instancia sumamente informativa y se abordaron muchos temas que en mi caso quedaron bastante claros ya que pude resolver todas mis dudas, siento que este tipo de instancias son esenciales ya que así uno no entra de golpe a la vida universitaria”.
Desde la comuna de La Unión, la estudiante Valentina Guarda dijo, “Las actividades de esta semana, personalmente me parecieron una buena forma de empezar el año, a pesar de la situación que estamos pasando como país. Se respondió a varias de mis dudas, además de que los profes dieron el espacio y la confianza para que hagamos nuestras preguntas y ellos puedan responderlas. Espero que mi carrera me pueda convencer aun más de que tomé una buena decisión eligiéndola y poder pasarla bien aprendiendo”.
“Por mi parte quedé bastante motivada con querer ya comenzar las clases, a pesar de que sean online, a los profesores los vi motivados y me gustó sus formas de expresarse con los temas de sus ramos y como respondían a nuestras dudas, espero seguir igual de motivada a medida que vaya pasando el tiempo, sé que el tener clases online podría ser algo igual complicado por diferentes motivados, pero con motivación y esfuerzo todo se puede, me parecieron significativas las charlas en diferentes aspectos, en lo personal me gustó lo motivado que era para expresarse y desenvolverse el profesor de ciencias sociales, espero que la carrera sea una etapa bonita, ya sea por experiencias, amistades, profesores, que cuando tengamos clases presenciales tener una buena estancia en valdivia, y ojalá que ninguno de los compañeros se desmotive”, puntualizó Elizabeth Barría de Puerto Montt.
Catalina Bahamonde, Villarrica“Desde mi perspectiva las actividades organizadas por la Escuela de Historia fueron un muy buen ejercicio introductorio por un lado a la comunidad universitaria, funcionamiento de la carrera y la facultad, tanto en aspectos académicos, administrativos, entre otros. Y por otro lado sirvió como primera familiarización a lo que serán las clases en modalidad online al tener que utilizar la plataforma zoom durante toda la semana. Me quedo con la sensación de que, a pesar de las limitaciones propias de la contingencia, se evidenció un esfuerzo por parte de los académicos de realizar una bienvenida óptima para nuestra generación. Vengo de otra universidad y por lo tanto al llegar a esta nueva casa de estudio de alguna manera buscaba sentir que he tomado una buena decisión, y debo admitir que ciertos aspectos como la multidisciplinariedad que se ve reflejada en el plan de bachillerato y el incentivo a los estudiantes a investigar y participar en distintos espacios y posibles como proyectos, vienen a reafirmar de una u otra manera ese deseo”.
“Antes que nada quería agradecer el tiempo y la dedicación que han dedicado todos los que han participado de esta actividad, que a mí parecer fue bastante completa y necesaria, debido a que resolvieron muchas dudas que la mayoría tenía y por mi parte me dejaron mucho más tranquila con la situación que estamos viviendo actualmente. Tener clases online es algo nuevo para todos y muy complicado a mí parecer, pero los momentos en donde nos pudimos acercar virtualmente a las personas que nos acompañaran en este largo proceso, fue muy importante para mí y me motivaron mucho, la verdad fue mucho más de lo que esperaba, espero con ansias que toda esta situación pase pronto, para tener clases presenciales y conocer a cada uno.” Antonia Vidal, Puerto Montt.
Finalmente, desde San José de la Mariquina, destacó que “Para mi fueron las actividades muy significativas y gratificantes. Respondieron la mayoría de las preguntas de toda índole, lo que me deja muy emocionado en poder aventurarme en esta nueva etapa de mi vida con muchas expectativas tanto académicas, como de convivencia. También decir que me encantó la cercanía de docentes y personal que nos ayudaran en el proceso, y sobre todo que la carrera sea una mezcla de las cosas que más me gustan: historias, ciencias, teorías, pedagogía, sociología, antropología. entre otras y que tenga mucha vocación humanista”.
La ansiedad del retorno: sobre la pandemia y la educación en Chile
Constantes han sido los debates sobre cómo plantear los procesos educativos, en la actual crisis mundial a la que nos enfrentamos por la pandemia de COVID-19, tensionando entre otras áreas, el rol de la escuela en las sociedades actuales. Sin duda, este momento histórico ha obligado a replantear los procesos y normalidades con las que se entendieron diversos fenómenos educativos durante los últimos siglos, enmarcados en un escenario material asociado a la escuela como centro de aprendizaje, o la “instrucción” en primera instancia histórica.
Sin afán de profundizar en torno a las cuestionadas respuestas gubernamentales y sociales a la pandemia, es innegable que el peligroso, incomprensible y obstinado empeño por plantear una vuelta a las clases presenciales por parte del Ministerio de Educación, nuevamente es una clausura a las posibilidades de debate y apertura en la toma de decisiones. Es por ello, que entre las múltiples dimensiones del fenómeno, el proceso educativo está al centro de una discusión medular por estos días.
¿Cómo seguir educando en la distancia, sin la necesidad de estar presencialmente en la escuela? ¿En qué radica el empeño por volver a las actividades presenciales a pesar de la emergencia de salud pública a la que nos enfrentamos? ¿Cuáles son las motivaciones sinceras frente a esta obstinada vuelta a clases? Y ¿Qué entendemos por educación? Son cuestionamientos, que más allá de buscar respuestas y soluciones inmediatas, intentan problematizar, y de manera humilde otorgar una voz pedagógicamente situada en este escenario, para contrarrestar el monopolio comunicacional de la opinión de expertos, comisiones y decisiones verticalistas.
Para problematizar históricamente, desde la consolidación de los proyectos educacionales modernos -asociados a la formación de los Estados-Nación – la escuela tuvo un papel central como centro biopolítico, muy evidente si estudiamos la historiografía de casos latinoamericanos como el nuestro. La escuela no solo se planteó como el escenario del razonamiento ilustrado/civilizado, sino que fue el espacio por excelencia del proyecto normalizador y hegemónico de los saberes, comportamientos y subjetividades populares. Claro está, en la medida que se disputaban la injerencia y regulación estatal desde diversos grupos de interés, también se transformó el proyecto educativo materializado en la institución.
Cabe destacar, que los primeros esfuerzos educativos provenían desde los propios territorios, que bajo un afán de autoformación y construcción de un acervo cultural para/desde las comunidades, desarrollaron procesos educativos comandados por los habitantes que más sabían sobre un determinado tema. Sería injusto indicar que la historia de la educación parte desde la formación de las escuelas y centros educativos modernos. Allí radica la diferencia entre educación y escolarización, línea que puede aportar a este debate.
Con el desarrollo de las políticas estatales educativas en el siglo XX en Chile, se gestó un nuevo impulso en la labor educativa del Estado, que tuvo como elemento simbólico e inicial la promulgación de la Ley de Instrucción Primaria Obligatoria en 1920. Los avances en términos de cobertura escolar detentaron un correlato en las políticas de ayuda a los estudiantes más vulnerables en gran parte del siglo XX.
Aunque suene obvio, la escuela no solo implicó la adquisición de un saber y habilidades de corte académico/conceptual, sino que se fue gestando como espacio seguro en términos materiales y de sobrevivencia para miles de niñas y niños pobres en Chile, es decir, un refugio en términos de asistencia, ante la precariedad y violencias de la vida cotidiana. Luego de varias instancias administrativas como la creación de la Dirección General de Educación Primaria y las Juntas Comunales de Auxilio Escolar en la primera mitad del siglo XX, en 1964 se formaliza la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas a través de la Ley Nº 15.720, que sería “responsable de administrar los recursos estatales destinados a velar por los niños, niñas y jóvenes chilenos en condición de vulnerabilidad biopsicosocial, para que ingresen, permanezcan y tengan éxito en el Sistema Educativo” (JUNAEB: 2020).
Desde ahí se acentuó y perfiló un afán con políticas sostenidas en el tiempo para avanzar en cobertura y obligatoriedad, por ello desde algunas posiciones historiográficas, la primera parte del siglo XX está caracterizada por la formación de un Estado Docente. Al parecer, tal fue la importancia que se entregó a esta dimensión, que la Unidad Popular llegó al plantear el proyecto de una Escuela Nacional Unificada, intento de construcción colectiva de lo educativo que se vio frustrado por la instalación violenta de la dictadura civil-militar y el proyecto neoliberal. Se acaba el Estado Docente, y se perpetuaron una serie de injusticias que impactan no solo a los actores de la educación, sino a las comunidades que vieron en ella la superación de la desigualdad social.
Con el desarrollo del proyecto neoliberal en la educación, desde la dictadura civil-militar y los gobiernos democráticos, si bien se transformaron de forma abrupta las directrices y filosofías educativas que tomarían tintes individualistas, competitivos, precarizadores y homogeneizadores; la escuela aumentó en cobertura, pero siguió consolidando ese afán de auxilio y asistencialismo. Como antecedente en esa dirección, en dictadura, mientras se perseguía y torturaban a ciudadanos, muchos centros educativos fueron escenarios de “operativos” donde se llevaban servicios públicos y civiles a las comunidades, proyectando ese rol asistencial de los centros educativos, profundamente instrumental al proyecto refundacional del Estado.
A pesar de todos los cuestionamientos al modelo, que se hicieron latentes más que nunca desde octubre de 2019, la escuela sigue encarnando un proyecto neoliberal, con prácticas de resistencia, claro está, desde el propio oficio docente. Los centros educativos arrojados a una lógica competitiva bajo mediciones estandarizadas poco situadas a la realidad de los territorios, con un financiamiento siempre complejo y en cuestionamiento, se debaten entre ser sitial para el desarrollo de saberes, conocimientos y habilidades, y, por otra parte, un espacio seguro bajo políticas asistencialistas que lo constituyen como un lugar central para la vida y su sobrevivencia, donde miles de estudiantes reciben alimento y cobijo.
Por ello, es que en las primeras líneas de la reflexión, no se propone otorgar una posición cerrada o una solución, sino aportar a un debate contingente y en transformación diaria, que permita cuestionar y discutir, algo que al parecer, las propias autoridades gubernamentales buscarían evitar con una urgencia de normalización enfermiza, que violenta de sobremanera en un momento de llamado y necesidad al cuidado colectivo de los cuerpos, como indica la historiadora María Angélica Illanes.
La crisis generada por la propagación del COVID-19 ha puesto en evidencia que los establecimientos educativos, están tensionados constantemente en dos dimensiones, desarrollo/adquisición de conocimientos y aprendizajes, por un lado, y su rol asistencialista por otro. Quizá es incómodo para algunas posiciones destacar ese doble debate, ya que existe un afán por invisibilizar el nivel de pobreza, desigualdad y precarización que existe aún en nuestro país, porque al parecer habían “resuelto” en gran parte esas necesidades materiales. Tal como pasa con la crisis en la salud pública, el COVID-19 evidencia la precariedad y las consecuenticas del desmantelamiento/invisibilización del Estado bajo el neoliberalismo.
No es posible que se niegue la posibilidad del debate, o en el “mejor” de los casos sitúe en el simplón binarismo entre “año perdido o año rescatado”. Las complejidades del proceso educativo son muchas, y no puede orientarse la mirada solo en la dimensión escolarizada, ya que eso puede producir un enfrentamiento peligroso y contraproducente en las bases de la propia sociedad civil y educativa, desviando la atención de los elementos profundos y estructurales del conflicto.
Como se indicó, la cuestión central de volver o no a clases, no debe enfrentar de forma binaria a profesores, comunidades, ni ciudadanos. Entre tanta información, se pierde de vista que se está ante una pandemia que puede cobrar la vida a millones de personas, por tanto, el centro de la crisis es otro. No basta plantear medidas para evitar el contagio al interior de los establecimientos: se está hablando de niños y niñas, profesores, funcionarios, que deben movilizarse en transporte público y muchos de ellos, expuestos al contagio inminente, condenando a la vulnerabilidad a los grupos más empobrecidos y carentes. Más que un acto de preocupación, la vuelta a clases tendría matices de sacrificio en urgencia que de la ansiada normalización.
El problema es aún más complejo, se debe incorporar al debate de forma seria elementos como la precariedad de condiciones de los profesores, estudiantes y familias para comandar el proceso escolar desde su casas, considerando niveles como la clase, ruralidad y género; las brechas en torno a los cuidados en salud; las enormes diferencias en acceso y democratización de la conectividad que viven las comunidades desde diversos territorios en Chile; y no menor, que muchos niñas y niños está solos en sus casas, ya que la cuarentena en términos “voluntarios” los deja desprotegidos porque sus adultos responsables deben seguir trabajando sin oportunidad de aplicar autocuidado.
Cabe agregar, que resulta aún más complejo y desolador, tomar en consideración la necesidad material de niños y niñas con infancias vulneradas que ven en la escuela un espacio seguro al menos al nivel de subsistencia con elementos básicos como alimentación, y por otra parte que muchos de ellos están a “resguardo” en sus casas de manera forzada, junto a sus abusadores. ¿No debiera ser ese el centro de la emergencia, si tanto se plantea el bienestar de los niños y niñas como horizonte de las políticas? Ni hablar de los centros del SENAME, sus infancias están completamente invisibilizadas del debate.
En síntesis, son múltiples los debates educativos y escolares que abre la crisis del COVID-19. Este momento nos invita a pensar la educación desde fuera de los espacios educativos formales, recuperar saberes populares familiares que por siglos fueron piedra angular de nuestra memoria y aprendizaje comunitario; comprender las limitantes y posibilidades reales que da la escuela en el siglo XXI y pensar políticas reales de protección a la infancia, para que bajo ningún escenario sus derechos sean vulnerados. Volver a clases recuperando la “normalidad”, no resuelve ninguno de estos temas, ni siquiera los asume como problemática contingente. En este sentido, esa normalidad es una negación de las falencias estructurales.
Muchos son los flancos que se abren en la dimensión educativa. Esperamos que en ellos, la voz de los profesores/as y comunidades educativas e investigadores/as sean escuchadas de una forma efectiva y vinculante, no decretando vueltas a clases y vacaciones sin consultar a los verdaderos protagonistas del proceso.
*** Las opiniones vertidas en este texto, representan únicamente el pensamiento de los autores, bajo ningún caso deben ser entendidas como la posición de alguna instancia institucional de la Universidad Austral de Chile.
Libros con causa
Hay librerías de piso, de paso y de peso. Las primeras son donde las novedades se apilan, casi confundidas, desde los suelos. En las de paso, el lector puede pasar raudo con la esperanza de encontrar un libro cuyo canto le encante. Las últimas son las de prosapia, nutridas, con “punto de vista”, con cierta historia y animadas generalmente por sus dueños. Las ciudades las miman y atesoran, porque en ellas han quedado parte de las biografías emotivas y creativas, las de sus hijos o nietos y grabadas en la memoria por alguna plática cercana, cuyo único pretexto son esos pequeños artilugios que, incluso digitalmente, se pueden hojear. Sean de piso, de paso o de peso, un lector versado o en ciernes agradecerá toda su vida tenerlas cerca, sobre todo las últimas, porque si bien gran parte de la tarea de los libros es continuar la conversación por otros medios, una buena plática en carne y hueso, una recomendación vehemente o un comentario sutil, es la espoleta que detona el entusiasmo por traspasar la tapa de cualquier libro. Es que la librería y un buen librero pueden llegar a ser tan importantes en nuestra vida como el médico o el farmacéutico. Y lo sabemos ahora y lo repetía Stendhal: no hay desgracia en el mundo, por grande que sea, que un libro no ayude a soportar.
Valdivia tuvo un pasado con una oferta libresca envidiable. No sólo tenían asiento en la ciudad filiales espaciosas y bien abastecidas de las editoriales “Universitaria” y “Andrés Bello”, sino también, de capital propio, como las desaparecidas “Fértil Provincia”, “Centro Cultural Cervantes”, “787”, “Donceles” o la tenaz y ya veterana “Libros Chiloé”. Aunque no podemos ufanarnos de librerías de viejo o de segunda mano añosas, sí contamos, en otro tiempo, con algunas emblemáticas por su singularidad, como la “Bielefeld”, casi coronando la calle Picarte, o la mítica librería “Catulo”. La mayoría de ellas eran atendidas por dependientes, dueñas o dueños, con un juicioso respeto por el libro como bien cultural y que muchas veces, en la dramaturgia de la venta, olvidaban que lo que exhibían en sus vitrinas también era mercancía. No hace tantos años, cuando muchas de ellas desaparecieron o se redujeron al mínimo, la ciudad mostró toda su fealdad edificada pues, de una u otra manera, el manto cultural de estas librerías escondía los peladeros devenidos en estacionamientos, las lóbregas galerías o el moho eterno alojado en los torcidos estucos de las fachadas. Pero claro, el vacío mayor fue que la ciudad se comenzó a desforestar de aura y, también, de conversaciones, esas peatonales y argumentadas, donde sin mediar botellas ni condumios, se podía razonar un par de ideas que te endilgaban libremente hacia alguna estantería o hacia la presentación de un nuevo libro. Así, el slogan de “capital cultural” con que Valdivia se pavoneaba, se craqueló mostrando sus tristes grietas.
Para nadie es un misterio la regresión lectora -aquella hilada, concentrada y no a brincos de links- y las sucesivas crisis de la industria y la artesanía del libro. La pantallización y los ruidos comunicativos que nos someten a una incesante dispersión, está privando a muchos de pasar algunas horas acompañado sólo de un buen libro. Un viaje inmóvil que, muy lejos de la monserga moralizante del “tienes-que-leer-un libro”, nos acerca a buena parte -aquella desafiante y menos obvia- de nuestra cultura. La lúcida Simone Weil solía definir cultura como la educación de la atención. Pero la atención, como el tiempo, es lo que trágicamente se nos viene secuestrando y, aun así, están los que insisten en el desvarío de dedicar su vida a una librería, la misma que servirá quizás, algún día, para decirle al último lector “no estás solo”. Y aunque es un lugar común, pareciera que pocos lo tienen claro: no hay librero que dedique sus días a los libros para hacerse rico. Su voluntad primera es la del enamorado, del papel, la lectura, la conversación y el oficio. Menos claro aún es que de todos los eslabones de la cadena del libro, el más frágil es, precisamente, la librería. Ya por el costo del alquiler, el bodegaje o el pago de salarios, los márgenes que dejan las ventas con suerte sostienen la economía doméstica.
Hace pocos años, otras y otros apasionados comenzaron a repoblar la ciudad de escaparates con libros. Si bien el encarecimiento del suelo los alejó de las calles más céntricas, hicieron pie con su quimera y sus portadas, animando y reanimando muchas de ellas -como “Qué Leo Valdivia”, “Libros del Gato Caulle” o “Casa Libro”- la fruición lectora. Pero si antes fue la indolencia o las crisis de lectoría más resueltas, hoy es la pandemia la que las amenaza con fuerza, impedidas de congregarnos y dejarnos persuadir para llevarnos a casa nuevas obras. La editorial de la Universidad Austral de Chile ha iniciado una campaña de apoyo directo a las librerías locales y regionales, un pequeño gesto que busca sensibilizar a la ciudad sobre la frágil condición de estos espacios y de lo irreparable que es perderlos. Algunas están llevando libros a las casas, vendiendo a la distancia y resistiendo la peste como pueden. Por ello hoy, más que nunca, comprarles un libro también puede ser una causa. Decía el poeta Lewis Buzbee que, aunque privadas, las librerías son empresas que cumplen una insustituible misión pública a la que nos hemos acostumbrado. Por lo mismo, sólo cuando mueren, la cavidad muestra todo su vacío.



Dra. Ximena Valdés Subercaseaux