Semana Regional de la Infancia

Hace casi tres décadas, se logró la ratificación internacional de la Convención de los Derechos del Niño (ONU, 1990), en tanto que Chile adhirió a ella, en el año 1990. Este hito, marca un punto de inflexión respecto de la promoción y protección de los derechos de las personas menores de 18 años, o al menos así debió ser.

A pesar de que dicha convención establece cuáles son los marcos éticos y legales en el cuidado de la infancia, y que supone el bien superior de niños y niñas como prioridad, ellos y ellas siguen siendo objeto de invisibilización y maltrato en nuestro país. Por ejemplo, un estudio realizado por UNICEF el 2012, señalaba que el 71% de los niños y niñas en Chile, eran objeto de violencia por parte de su madre y/o padre, y que un 26% eran víctimas de maltrato físico grave.

En la región de los Ríos, las cifras también preocupan, al año 2015 la tasa de Violencia intrafamiliar que afectaba a menores de 18 años, era de 230 y las víctimas de violencia sexual se situaba en 117, por cada 100 mil habitantes (Informe de Participación ciudadana: Aportes para la política nacional en NNA, 2015).

Estas cifras, muestran una porción mínima de la transgresión a la que son sometidos niños y niñas en Chile, saltándonos el principio ético fundamental que implica la prohibición de dañar a quienes son más vulnerables y están a nuestro cuidado. En tal sentido, cabe preguntarse, cuánto falta para crear cultura de respeto, o cómo generamos conciencia de que el maltrato a la infancia menoscaba la capacidad política y afectiva del ser humano en desarrollo.

Para transitar hacia una sociedad más justa y respetuosa debemos aunar esfuerzos. En tal sentido, desde el 19 al 23 de noviembre, la Universidad Austral de Chile, en conjunto con el Instituto Nacional de Derechos Humanos, desarrollarán la Primera Semana Regional de la Infancia, cuyo foco central estará en la promoción y respeto de los derechos de niños y niñas. Desde ya la invitación queda abierta a quienes quieran contribuir en esta causa

 

Mujeres, memoria y olvido

Las celebraciones en torno a la instalación de la Nueva Región de Los Ríos y el plebiscito de 1988 nos recuerdan que la memoria es un territorio de conflicto y debate.  El olvido y la memoria trabajan sobre el pasado realizando formas de selección, exclusión y elaboración.

En las entrevistas, alocuciones y homenajes se observa un olvido, una ausencia, que, a pesar de los discursos sobre la inclusión, persiste en excluir a las mujeres y a los anónimos de los procesos históricos.

En el caso de la derrota de la dictadura cívico-militar, el rol jugado por las organizaciones de mujeres, asociadas a las redes de supervivencia económica, a la defensa de los derechos humanos y a la lucha por la democracia, y que bajo la consigna “Democracia en el país y en la casa“, pretendía desmantelar el autorismo en lo “público” y “lo privado”, es dejado al olvido, produciendo su exclusión de la vida política.

Lo mismo ocurre, en relación a las celebraciones asociadas a la instalación de la Nueva Región.  La organización, el trabajo y el compromiso de las mujeres valdivianas organizadas en torno al Comité Femenino Nueva Región es invisibilizado una y otra vez.

En 1995, las mujeres que son parte del Comité Nueva Región, que demanda el antiguo estatus político administrativo que tenía la ex Provincia de Valdivia hasta 1974, se organizan en el Comité Femenino Nueva Región con la convicción de “que solas podíamos hacer más cosas” como refiere una de las integrantes de ese Comité, Carmen González Fickar.

Sus acciones y logros como menciona nuestra entrevistada son “mundos olvidados”, negando los sacrificios de las mujeres que “construyeron la región con el pan de sus hijos e hijas”, pues junto a las burlas, críticas, insultos debieron sortear la falta de recursos “nunca tuvimos plata”.  La sororidad (amistad y reciprocidad entre mujeres) y solidaridad de aquellas y aquellos que no eran parte activa del proyecto de Nueva Región y la transversalidad de posiciones de clase, orientaciones políticas y religiosas les permitieron como refiere nuestra entrevistada “no solo hacer una región sino también lograr hacer notar que la mujer era una persona”.

El olvido no es casual en una sociedad patriarcal como la nuestra, quienes producen la memoria oficial escogen olvidar las acciones de las mujeres en política (así como de otros invisibles), justificando así su exclusión del quehacer político.

Apología del macho

En los últimos años, y con creciente fuerza, la opinión pública se ha visto estremecida por horrendos crímenes cometidos contra mujeres. Algunos de ellos, han implicado graves lesiones corporales, violaciones, mutilaciones físicas de una crueldad inimaginable y pérdidas de vidas. Otros, daños sicológicos profundos, heridas del alma difíciles de curar. Diferencias salariales y segregaciones laborales, que por años se tomaron como parte de una naturaleza social, aparecen hoy en día como inaceptables. Nada de esto es nuevo. Lo novedoso es que hay víctimas que no están dispuestas a dejarse acallar, mujeres que, a riesgo de sus vidas, sus trabajos y su honra, se atreven a denunciar estos crímenes y un sector cada vez más amplio de ciudadanos dispuestos a procesar y, si amerita, condenar a los criminales e impulsar un cambio histórico cultural que erradique estas prácticas de la sociedad contemporánea.

Más allá de esta potente y necesaria sublevación, hay ciertos fenómenos que, a nuestro parecer, mostrando, encubren. Uno, es el sensacionalismo, de índole farandulesco o intelectual, que pretendidamente cercano a las víctimas, oculta, tras la pantalla de la fama y la consigna, los abusos que día a día, en cada hogar, en cada oficina, en cada fábrica, en cada barrio, se siguen cometiendo en contra de mujeres que no tienen el acceso a los medios de comunicación, sino cuando son víctimas en el sustrato espectacular —de espectáculo, de lo que se especta, de lo que se mira inquisitorial y, a veces, morbosamente— de la crónica roja. Modificar esta cultura requiere de un enorme esfuerzo, que cambie desde las costumbres diarias hasta lo más profundo de nuestras almas.

El otro, es el hecho social de una enorme mayoría de hombres que no son acosadores, que no son violadores, que no son abusadores y que trabajan duramente y codo a codo con sus parejas para sostener un hogar, educar hijos, muchas veces proteger a sus mayores y construir el amor, tan difícil en estos tiempos de cólera. Estos hombres luchan día a día con una herencia social consuetudinaria, marcada a fuego desde la más tierna infancia. Desde el camión y la muñeca. Por eso, feministas, no escriban: “Fuera los machos”; escriban: “Dentro los machos”, porque más allá de sexo y género, palpitantes de humanidad, nos necesitamos en el amor, como la especie en peligro de extinción que somos.

A 50 años de la Autonomía de la Universidad Austral de Chile

Con fecha 3 de junio del año 1968, fue promulgada la Ley de la República que le otorgó la ansiada autonomía a la Universidad Austral de Chile. Catorce años después de creada la Corporación, se producía esta suerte de segunda fundación a partir de un reconocimiento que más allá de lo formal, daba cuenta del cumplimiento de una mayoría de edad de la Universidad conforme a los exigentes estándares que en la época eran requeridos. En efecto, la separación definitiva en los hechos y el derecho de la tutela de la Universidad de Chile, daba una potente señal al país y en particular al sur austral de Chile, en el sentido de contar con la existencia de una casa de estudios superiores plenamente independiente para crear sus propias carreras y planes de estudios, además de la natural autonomía en materia de gestión interna, bajo la sola limitación de los marcos jurídicos regulatorios establecidos para la educación universitaria de esa época.

Pocos días antes de la promulgación de la ley de autonomía referida, en una solemne ceremonia llevada a cabo el 31 de mayo de 1968 en el Cine Club Universitario del Campus Isla Teja, el Presidente de la República, don Eduardo Frei Montalva, firmaba el documento que viabilizaba esta decisión a partir de la aprobación que el H. Congreso Nacional había otorgado pocos meses antes del mismo año.

En el escenario internacional, hacia mayo de 1968 importantes expresiones de protestas estudiantiles en demanda de reformas se daban en Francia y demás países europeos, fenómeno que tenía su propia ruta equivalente en América Latina y otras partes del mundo. Chile no se quedaba atrás y era testigo de demandas similares que venían exigiendo cambios políticos y sociales, en donde las modificaciones al sistema universitario no estaban ausentes. Se percibía un mundo convulsionado en donde las generaciones emergentes reclamaban un espacio en la toma de decisiones.

Es un aniversario que se conmemora con orgullo y, además, con un legítimo y profundo sentido de identidad regional. Es el momento de reflexionar en torno al compromiso que la Corporación ha tenido con la historia de la zona sur – austral del país durante casi 64 años y muy particularmente, respecto de los enormes desafíos que el futuro le depara.

Nicanor Parra: R. I. P.

Nicanor Parra ha muerto, pero sigue vivo en sus artefactos, en sus dibujos, en sus palabras sarcásticas, en su antipoesía, en la memoria cotidiana de sus dichos picarescos, en las páginas que damos vuelta para encontrar su presencia y evitar el dominio del hado nefasto.

Solo queremos la presencia de las alondras y las mariposas en la tumba que lo espera, la memoria de los escritores en las bibliotecas, escuelas y universidades, la genuflexión juvenil ante su ausencia, la lectura una y otra vez de sus poemas fúnebres “En el cementerio”, “La doncella y la muerte”, “La poesía termino conmigo”, “Discurso fúnebre”, “Lo que el difunto dijo de sí mismo”, “La cruz”, ”En el cementerio”, “Total cero”:

“La muerte no respeta ni a los humoristas de buena ley/

Para ella todos los chistes son malos/

La muerte no respeta fulanos/

¿Irá a respetar Zutanos, Menganos, o Perenganos? /

Mientras escribo la palabra/

Mientras pienso muerto de rabia/

Así pasa la gloria del mundo/

Sin pena/

Sin gloria/

Sin mundo/

Sin un miserable sándwich de mortadela”.

La muerte recorre los caminos de los antipoemas, enlutando textos increíbles:

“La poesía chilena se endecasilabó /

¿Quién la desendecabilará? /

El gran Desendecasilabador.”

Pero ahora, fallecido el Gran Desendecasilabador, alias Nicanor Parra, la poesía chilena no tiene defensa frente a los embates de los novissimi o de los antiquisimi…

Guarda enseñando la historia valdiviana

La Editorial de la Universidad Austral de Chile continúa en su empeño por publicar obras que refuerzan la identidad de este territorio y su patrimonio institucional, lo ha hecho rescatando importantes textos de intelectuales y exploradores de estas regiones. Ahora, aporta desde la historia republicando un texto inicial de Gabriel Guarda. Se trata de “Un río y una ciudad de plata. Itinerario histórico de Valdivia”, sugerente título para una ciudad en plena revisión de su pasado y de su futuro.

El libro es una reedición de la síntesis de la historia de Valdivia de 1965, tal como se señala en el prefacio de Rodolfo Urbina, quien nos da pinceladas de la importante herencia del autor para el conocimiento de la historia valdiviana. El texto, con este análisis, nos delimita la figura de quien escribe, desde donde lo hace y así nos dirige al texto sin la menor dudade sus intenciones, destacando el enorme cariño hacia la ciudad.

Respecto al libro en sí mismo refiere hechos históricos y lugares de Valdivia que, aunque muy vistos en postales y relatos turísticos, de seguro no se conocen del todo en su relevancia para el significado identitario de nuestros territorios: los fuertes, las calles y plazas, el río, entre muchos otros espacios son visitados desde su historicidad entendiendo así el por qué están ahí, como llegaron a ser-ahí, constituyendo la vida material urbana que nos hace ser un nosotros, distinto a otros nosotros, a otros ciudades en definitiva.

Guarda actúa como un profesor en este libro, nos muestra, nos enseña, es por eso que el libro puede ser de gran utilidad para los docentes quienes, desde su lectura, pueden elaborar excelentes terrenos, clases y actividades de todo tipo para acercar a los estudiantes a su cotidiano. El libro es una muestra cariñosa de la tierra, no hay historia crítica aquí, pues no aparecen los sujetos constructores de la ciudad más allá de los líderes políticos o militares, eso debe quedar para los profesores e historiadores que hacen historia hoy, basados en los aportes imprescindibles que ha hecho Gabriel Guarda en su trayectoria.

Agradecimientos entonces por traernos esta obra y a continuar desarrollando, desde aquí, la rica historia de Valdivia que queda por contar.

Promover el juego en niños, niñas y jóvenes

De acuerdo con el Reporte Global de Notas de Actividad Física Infantil, que comparó resultados en 38 países durante 2016, los niños, niñas y adolescentes chilenos son quienes menos deporte y actividad física realizan. Estos datos se suman a otros ampliamente conocidos, relacionados con el sedentarismo, el sobrepeso y la obesidad, y dan cuenta del gran desafío que tenemos en el país para estimular la actividad física, el deporte y la recreación activa.

Comprometidos con este desafío, en la Universidad Austral de Chile, a través de la Escuela de Pedagogía en Educación Física, Deportes y Recreación, en convenio con el Ministerio de Educación, realizamos un proyecto de intervención en establecimientos educacionales de las regiones de Los Ríos, Los Lagos y Aysén, para desarrollar las capacidades de juego y de vida activa en niños, niñas y jóvenes, en un ambiente de inclusión y de participación activa y comprometida con el propio quehacer de cada establecimiento escolar.

Estamos trabajando con 93 colegios de las tres regiones, donde llegamos con talleres deportivos, recreativos y expresivos a más de siete mil estudiantes. Estos talleres se organizan conforme a los intereses y motivaciones de los diferentes establecimientos educacionales, cuyos cuerpos directivos y docentes se encuentran altamente comprometidos en estimular el desarrollo de la vida activa de sus estudiantes, cumpliendo un rol fundamental para el éxito del programa.

Para su realización, desde la Universidad Austral de Chile tendemos lazos con los establecimientos participantes, apoyando con capacitaciones y charlas, en cada una de las regiones, donde participan los profesores y profesoras que ejecutan los talleres. Además, en aquellos establecimientos que lo necesitan, disponemos de estudiantes en práctica o de egresados de la carrera de Educación Física, Deportes y Recreación para contribuir al desarrollo del programa.

No sólo se trata de promover la vida activa, sino de valorar el juego como un fenómeno vital para el aprendizaje, el desarrollo de la autoestima y las relaciones humanas. Además, buscamos impulsar el juego en directa relación con el entorno de los niños, niñas y jóvenes participantes del proyecto, valorando el medio ambiente como condición y factor protector del buen vivir.

Igualdad de género, una tarea pendiente

Las elecciones Presidencial, Parlamentarias y de Consejeros Regionales de noviembre próximo han reabierto el debate en torno a la presencia de la mujer en espacios de decisión. Si bien las mujeres, a lo largo de la historia, han hecho valiosas y vitales contribuciones en los campos del saber, la creación y la política, su aporte sigue siendo insuficientemente visibilizado. La obra de intelectuales de la talla de Rosa Luxemburgo, Marie Curie, Frida Kahlo, Virginia Woolf, Gabriela Mistral, Simone de Beauvoir y Rigoberta Menchú, entre otras, no pasa desapercibido al desarrollo de la política, las artes y la ciencia. Sin embargo, las mujeres que han tenido éxito en estos campos han sido persistentes, obstinadas, rebeldes e independientes, cualidades profesionales que son bien valoradas cuando se trata de varones, pero no siempre consideradas como virtudes al momento de juzgar el desempeño de las mujeres.

El mayor desafío de las mujeres ha estado en romper con un prejuicio histórico, que itera sobre sus “inferiores” capacidades intelectuales. En su obra La descendencia del hombre y la selección en relación al sexo (1871), Charles Darwin declaró que la igualdad de género era imposible porque “las facultades intelectuales” son “siempre superiores en los varones que en las mujeres”. Los varones son simplemente mejores –en palabras de Darwin– en sagacidad, razón, imaginación, o el mero uso de los sentidos y de las manos”, porque sus cerebros, durante el proceso de evolución, se hicieron superiores debido a la necesidad de ser eficientes cazadores recolectores.

Aunque el panorama intelectual ha cambiado y hoy en día hay muy pocos científicos dispuestos a ratificar los dichos de Darwin, las instituciones formativas, en su historia, no escaparon a este prejuicio. Recién, a mediados del siglo XIX se comenzaron a eliminar las normas que prohibían el ingreso de las mujeres a las universidades y, décadas más tarde, se les concedió la posibilidad de realizar postgrados, con lo cual, por primera vez, tuvieron la opción de convertirse en investigadoras y profesoras universitarias. La insigne Gabriela Mistral, en un breve texto de juventud, “La instrucción de la mujer”, publicado en La Voz de Elqui el 8 de marzo de 1906, señala: “Instrúyase a la mujer; no hay nada en ella que le haga ser colocada en un lugar más bajo que el del hombre. […] Tendréis en el bello sexo instruido, menos miserables, menos fanáticas y menos mujeres nulas”.

La defensa de Mistral a las mujeres poco a poco ha logrado tener éxito, pero junto a la falta de acceso a los espacios formativos y de toma de decisiones, los logros científicos y académicos de las mujeres han sido invisibilizados.

Tradicionalmente, las mujeres han sido relegadas a los papeles secundarios en la producción y autoría científica, incluso, a veces, sus descubrimientos han sido asignados a colegas varones. Así lo narra, por ejemplo, la película estadounidense Talentos ocultos (Hidden Figures, 2016), que recupera la historia real de las matemáticas afroamericanas que fueron clave, en la década de los 60, para que la NASA pudiera enviar al primer hombre a la luna.

A pesar de las mejoras generales en materia de igualdad de género en todo el mundo, persisten las asimetrías. Mientras que el número de mujeres que se gradúan de las universidades, en la mayoría de los países de OCDE, es superior al de los varones, sus contribuciones siguen siendo inferiores, por ejemplo, en la autoría de trabajos académicos y científicos. Este escenario da la razón, una vez más, a Simone de Beauvoir, quien afirmó que “el gran hombre nace de la masa y lo arrastran las circunstancias, pero la masa de las mujeres queda al margen de la historia, y las circunstancias son para cada una de ellas un obstáculo y no un trampolín”. En el fondo, no es la supuesta “inferioridad de las mujeres” la que determina su desatención histórica sino, por el contrario, la desatención histórica condena a las mujeres a la inferioridad.

Como han mostrado diversos estudios, los problemas de la desigualdad y falta de equidad no es un asunto individual, sino que está profundamente arraigado en la estructura de la sociedad. La desigualdad de género se hace manifiesta en la estructura del matrimonio y las lógicas familiares, en el trabajo y la economía, en la política y en la religión, en las artes y otras producciones culturales, incluso en el mismo idioma que compartimos. Hacer que mujeres y varones tengan los mismos derechos y oportunidades, requiere soluciones sociales y no individuales.

Desde mediados del siglo XX, la proliferación de los movimientos feministas ha impulsado el debate en torno a los mercados de trabajo y a la desigualdad salarial entre los géneros, junto con reivindicar la participación de las mujeres en puestos de dirección en ámbitos profesionales, gobiernos e instituciones culturales. Muchas organizaciones se han comprometido en esta lucha y desde la creación de ONU Mujeres en julio de 2010, se ha buscado “promover la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres”, para mejorar sus condiciones de vida y responder a las necesidades que enfrentan en el mundo.

Si bien la situación en nuestro país ha ido cambiando en la última década, por ejemplo, en las universidades, donde hay cada vez más mujeres a la vanguardia de muchos proyectos docentes y de investigación, aún hay un número importante de sutiles barreras que dificultan sus carreras académicas. No sólo hay escasez de mujeres en posiciones de liderazgo, sino que muchas no son tan visibles como sus contribuciones lo merecen. Tener pocas mujeres representadas en el escalafón más alto de la jerarquía académica crea una falta de modelos para atraer y retener a las jóvenes profesiones.

Recientemente, con motivo de la celebración del 63° Aniversario de la Universidad Austral de Chile, un grupo de estudiantes y profesores de la Escuela Periodismo de esta casa de estudios, elaboraron un breve documental que releva los logros y contribuciones de 7 destacadas mujeres en la etapa fundacional de esta institución. Se trata de las funcionarias Gabriela González, Irma Herrera y Kate Taylor; las académicas Inés Gebhard Paulus, Aracely Poblete y Gladys Santos; y la estudiante Carmen Laucirica Weiss, quienes desde sus ámbitos y responsabilidades aportaron en forjar una universidad que tiene un irrestricto compromiso con el bienestar social y el desarrollo sustentable de las comunidades de la región sur austral del país.

En un contexto político cambiante como el nuestro, la comunidad académica e intelectual debe unirse en la lucha por la democratización del acceso y la visibilización del trabajo intelectual de todos sus integrantes. Al mostrar la diversidad y la excelencia investigadora de las mujeres y aprovechar sus experiencias, es posible no sólo mejorar la visibilidad de su trabajo científico, sino también proporcionar modelos a seguir. Finalmente, se trata de encarnar una sociedad muy distinta en lo cultural y hacer efectivo un nuevo “contrato social”, que fortalezca la creatividad e innovación para promover el desarrollo económico, social y cultural.

La mitad invisible de la historia. Mujeres de la UACh

En el marco del 63° Aniversario UACh, se ha relevado el rol de las mujeres en su etapa fundacional. Nombrarlas contribuye a levantar el manto que las invisibilizaba en la historia, que recubre a muchas otras, silenciadas en las fuentes documentales, pero que viven en las memorias de los miembros de nuestra comunidad. Este trayecto nos impone desafíos para el futuro en la labor de re-escribir la historia.

En este primer esfuerzo se destacaron las trayectorias de mujeres de las décadas ‘50 y ‘60, periodo del desarrollo de la industria, de reforma universitaria, ampliación de la educación y la profesionalización de las mujeres, en especial en las áreas consideradas como extensión de las “Labores propias de su sexo”. Hacia 1960 más de 8.000 mujeres habían desarrollado estudios superiores, principalmente formadas y concentradas en la capital. El impacto del terremoto de Valdivia significó que un número importante se desplazara al territorio sur, para contribuir a la reconstrucción de la ciudad. Esto favoreció la incorporación progresiva de un número mayor de mujeres al quehacer de la Universidad y al fortalecimiento de diversas áreas del conocimiento.

La irrupción de estas mujeres del pasado es sin duda un ejercicio motivado por la coyuntura nacional, donde la emergencia de los debates por la democratización de las universidades, por espacios institucionales libres de toda violencia y discriminación, por educación no sexista, se plantean como desafíos a las comunidades académicas y como una reivindicación frente al Estado. En particular en estos tiempos de reforma de la educación superior -donde el sentido de la Universidad Pública está en discusión- es necesario erradicar también los privilegios constitutivos de inequidades.   Un homenaje a las mujeres que en su diversidad han contribuido y contribuyen día a día al fortalecimiento de la UACh, en especial a aquellas que han trascendido el espacio institucional y han luchado por una sociedad más justa e igualitaria. Destaco a la estudiante de medicina Carmen Delard, detenida desaparecida bajo la dictadura militar, cuya historia nos interpela en el presente, para poner en marcha el reloj de la igualdad.