El Dr. Mauricio Mancilla Muñoz, Director del Instituto de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la UACh, encabeza el proyecto denominado “Lengua viva y memoria crítica. Contribución a la revitalización de la lengua yagán a partir de un análisis decolonial del Diccionario de Thomas Bridges”, iniciativa recientemente adjudicada en la línea de investigación del Fondo del Patrimonio Cultural.
La propuesta plantea una revisión crítica del diccionario inglés–yagán elaborado en el siglo XIX por Thomas Bridges, abordándolo no solo como un documento lingüístico, sino como un artefacto producido en un contexto colonial. Desde este enfoque, el proyecto contempla el desarrollo de una reedición digital del diccionario, incorporando una antología de términos en español orientada a dialogar con las categorías culturales propias del pueblo yagán y a favorecer su uso pedagógico y comunitario.
La iniciativa cuenta con el respaldo de Rodrigo Barría, presidente de la Comunidad Yagán Bahía Mejillones, y considera la participación de Patricio Chiguay Calderón, quien colaborará en la revisión de traducciones desde una perspectiva comunitaria, aportando a procesos de reapropiación lingüística y cultural.
Equipo
El equipo de investigación está integrado por destacadas y destacados especialistas de diversas disciplinas, como Elisa Loncón, lingüista y académica de la Universidad de Santiago de Chile; Fredy Cárdenas, Director de la Casa de la Cultura de la Municipalidad de Porvenir; Catalina Büchner, profesora de inglés y abogada con especialización en derechos indígenas; Macarena Libuy, antropóloga y autora del libro Las navegantes yagán. Kučikipayamalim; Anahí Cárcamo, académica de la Universidad de Magallanes experta en educación; y Jaime Ojeda, ecólogo marino de la misma casa de estudios, quien estará a cargo de una antología de términos vinculados al mundo marino.
El investigador responsable explicó que “nos proponemos reexaminar críticamente el diccionario elaborado por Thomas Bridges en el siglo XIX, no solo como un documento filológico, sino como un artefacto inscrito en un contexto colonial. Este desplazamiento implica atender a las condiciones históricas de su producción, a las mediaciones que lo atraviesan y a los efectos que ha tenido en la comprensión de la lengua yagán”.
Asimismo, agregó que “a partir de esta lectura, el proyecto busca activar el potencial contemporáneo del diccionario en los procesos de revitalización lingüística, mediante una reedición digital que incorpore una antología de términos en español orientada a dialogar con las categorías culturales propias de la comunidad. Se trata de favorecer una reapropiación pedagógica y comunitaria que no solo recupere vocabulario, sino también formas de comprensión del mundo”.
En esa línea, subrayó que “el impacto de esta iniciativa es doble. Por una parte, contribuirá a la revitalización de la lengua yagán, fortaleciendo procesos identitarios y culturales. Por otra, permitirá avanzar en el desarrollo de un modelo de trabajo replicable en el ámbito académico y educativo, que articule investigación, archivo y colaboración con comunidades en clave decolonial”.
Por su parte, Elisa Loncón destacó que “actualizar los documentos coloniales registrados por agentes externos —antropólogos, viajeros, lingüistas o cronistas— hacia las propias lenguas y marcos de pensamiento de los pueblos indígenas constituye una tarea pendiente que la academia debe impulsar en conjunto con las comunidades, con el fin de devolverles la voz y la memoria”.
En ese sentido, añadió que “los registros coloniales han sido relevantes en tanto constituyen una fuente desde la cual dialogar, contraponer y discutir tanto la historia como el presente de los pueblos. Sin embargo, su actualización requiere necesariamente la participación de hablantes y comunidades, así como una orientación académica pertinente que permita revisar, corregir y resignificar esos materiales”.
Finalmente, sostuvo que “este tipo de iniciativas no es solo un ejercicio lingüístico o académico, sino un acto de justicia epistémica y de reparación histórica. Implica reconocer que las lenguas y saberes indígenas no pertenecen al pasado, sino que son formas vivas de conocimiento que continúan interpretando y sosteniendo el mundo. Avanzar en estos procesos desde una colaboración respetuosa entre comunidades y academia permite abrir caminos para la revitalización cultural, el fortalecimiento identitario y la construcción de futuros enraizados en las propias epistemologías de los pueblos”.
El proyecto se inscribe en una línea de trabajo con antecedentes relevantes a nivel internacional y nacional, como la actualización del Popol Vuj realizada por el lingüista maya Sam Colop en 2008, y la publicación en Chile de Kuyfike awkiñ dungu. Ecos de voces antiguas (2021), que reescribe textos de la tradición oral mapuche incorporando la participación de hablantes y corrigiendo categorías heredadas de registros coloniales.


