Dra. Amanda Céspedes en la UACh: “La clave para la educación emocional es el amor”

Ante un numeroso público, la destacada neuropsiquiatra infanto-juvenil realizó una Clase Magistral sobre claves para lograr una educación emocional y desarrollo integral sano en los niños y niñas. La importancia de las figuras de protección y el evitar la crianza autoritaria y castigadora, fueron algunos de los puntos destacados por la experta invitada.
Por Paulo Lehmann

Fernanda Luzzi Jueves 3 de Septiembre, 2015

IMG_3503Educación para la Felicidad” fue la Clase Magistral que la destacada neuropsiquiatra infanto-juvenil, Dra. Amanda Céspedes, realizó ante numerosa asistencia en la Universidad Austral de Chile.

La actividad se desarrolló de forma gratuita el viernes 28 de agosto en el auditorio CIDFIL, Campus Isla Teja, en el marco de la creación conjunta entre la Escuela de Psicología sede Valdivia de la Facultad de Medicina, y la Facultad de Filosofía y Humanidades UACh, quienes informaron en dicha oportunidad sobre la creación de un Centro Virtual de Investigación de Estudios en Infancia y Adolescencia (CEIA), para desarrollar líneas de investigación en prevención del maltrato infantil y promoción del buen trato, entre otros.

La docente de la Escuela de Psicología, Prof. Marianne Wentzel, fue quien dio la bienvenida a los asistentes y agradeció la presencia de la Dra. Céspedes, de quien destacó principalmente “su permanente búsqueda de herramientas sobre las perspectivas y comprensión de los procesos psicológicos y educacionales en pos del bienestar y cuidado de los niños, niñas y adolescentes, cuyo trabajo indudablemente ha sido siempre un aporte en el desarrollo personal y profesional de muchos estudiantes y colegas”.

También presentó parte del currículum de la experta invitada, quién es médico Cirujano de la Universidad de Chile, con una especialización en neuropsiquiatra infanto- juvenil, y un Postgrado en neuropsicología y neuropsiquiatría infantil de la Universidad de Turín, Italia. Actualmente es Profesora Asociada de la Pontificia U. Católica de Chile, Especialista en Salud Mental del Escolar y miembro del directorio de la Fundación Mírame. Además es presidenta del Instituto de Neurociencias Aplicadas, IASMED.

Armado para la felicidad

Estoy en Valdivia muy contenta, porque es lejos mi ciudad preferida en Chile, ya que reúne belleza natural, cordialidad, calidez y civilidad, además de inquietud académica, intelectual y laboral permanente por el bien de los niños. De hecho cuando envejezca me encantaría terminar mis días acá”.

Así y ante un auditórium repleto, comenzó su amena clase magistral la Dra. Amanda Céspedes, quien enfatizó que durante su charla trataría de explicar “un tema tan difícil como es la educación emocional, desde el modelo de las neurociencias aplicadas a la vida de un niño y su desarrollo integral”.

En este contexto resaltó que “el cerebro del niño viene armado para la felicidad. Ha sido feliz 9 meses en el vientre materno y de pronto aparece en el mundo y quiere seguir siendo feliz, y nos asegura que viene con un aparato listo para ello. El dilema es que lo que ocurra durante sus experiencias de vida muchas veces no le van a permitir desarrollar esta felicidad”.

La clave para la educación emocional es el amor, en este sentido el apego a la figura materna y paterna es fundamental, el niño necesita alguien que lo acoja, lo serene y lo cuide, el primer acto de amor es hacer sentir que están ahí para protegerlo”, aseguró.

Entre otros aspectos importantes, la experta explicó que desde los 18 meses de edad el ser humano “comienza a prepararse para la tarea más compleja: la autorregulación. Aquí da un paso desde el espacio íntimo con sus protectores, al espacio personal y social. La plena autorregulación se logra a los 5 años, de hecho a esa edad ya podemos saber si la persona será sana o presentará psicopatologías. Gran parte de los pacientes adultos con patologías psiquiátricas, sufrieron algún suceso traumático antes de los 5 años”.

Al respecto se refirió sobre los recursos de autorregulación que utiliza el niño o la niña en esta etapa, como el objeto transicional (cabecera, frazada, chupete), que permite la separación de la madre pero llevando un objeto del espacio de seguridad consigo, cuyo uso constante y obsesivo a edades más avanzadas “indican un estado permanente de miedo e inseguridad”.

Los otros recursos de autorregulación son la fantasía, que “otorga poder contra lo que atemoriza y permite evadir la realidad”; y los brazos que cobijan y confortan. “Los niños deberían estar constantemente embriagados de cobijo”, afirmó.

Criar con el corazón

Acerca de la educación emocional como tal, la Dra. Céspedes aseguró que “una persona criada con la batuta del amor crecerá con un desarrollo afectivo y balance emocional sanos, mayor seguridad, resiliencia para enfrentar las adversidades, alta habilidad cognitiva y una mente ilimitadamente creativa”.

Junto con proyectar algunos videos como ejemplo, aconsejó dejar de lado la educación o crianza bajo la disciplina de la autoridad impuesta, ya que “no corresponde a una verdadera autoridad, sino a un autoritarismo legitimado”.

Respecto al uso del castigo, la experta explicó que “este método se ha instalado porque es más rápido, en una sociedad acelerada, pero finalmente no educa sino que reprime y sofoca”.

Recomendó en estos casos utilizar la sanción, “que es la culminación de un proceso reflexivo conjunto sobre sus actos, en el cual el niño o adolescente comprenderá y les aseguro que enmendará su error o falta por su propia cuenta”. La profesional indica que la crianza respetuosa es un proceso que lleva tiempo, pero que tiene ventajas a largo plazo en términos de auto-regulación y auto-control, lo que repercute en la salud mental presente y futura del niño.

Para finalizar junto a una ronda de preguntas, la Dra. Amanda Céspedes dijo que “es necesario construir una cosmovisión más amplia en nuestro país, principalmente en nuestras casas y colegios. Tenemos de los 7 a los 12 años de edad para crear tal cosmovisión, no hay más tiempo, debemos mostrarles más mundo a nuestros niños. La multiculturalidad es riqueza, al igual que la  buena lectura”.

Además hizo alusión a la química específica que posee nuestro el cerebro para regular la vida emocional. “Esto se puede regular, si criáramos sólo para estimular estas sustancias tendríamos menos sociopatologías, y para ello la química más importante y poderosa es la del corazón, el amor”. Por lo tanto el amor, asociado a los beneficios neuroquímicos que supone, es el mejor factor protector para una infancia feliz.

El cierre estuvo a cargo de la Representante de CEIA, Profesora del Instituto de Filosofía y Estudios Educacionales, Dra. Claudia Contreras, quien enfatizó en la necesidad de comprender el enfoque de derechos de los niños y niñas desde sus propias miradas y el lugar que ocupan en nuestra sociedad, debate sobre el que se puede reflexionar a través de instancias como esta clase magistral, además de enfatizar en la responsabilidad de todos en lograr una crianza y un cuidado más respetuoso. “Cerrar agosto, mes del niño, con actividades como esta, permite darle una mirada más crítica y reflexiva a un mes dedicado a la infancia”.