“En la segunda mitad del siglo XX se genera un negocio cultural vinculado al patrimonio, en relación directa con el mercado y la globalización. La producción de objetos tradicionales como mercancía con valor agregado es vestigio de la era preindustrial“, afirma el candidato a doctor en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Chile, Pablo Aravena Núñez.
El historiador debe interpelar a la sociedad en la formulación de preguntas que buscan explicar ciertos fenómenos sociales, por lo mismo, la historiografía es una herramienta que ilumina las acciones de los sujetos en el pasado.
La industria cultural nos tiene acostumbrados a retornar al pasado, las imágenes que vemos en películas, series de televisión y/o reportajes encarnan lo que queremos conocer del pasado del ser humano, pero no constituyen esa realidad, es otra versión de lo que vemos en la actualidad.
La historia nos interpela, nunca nos confirma lo actual, todo cambia cada cierto tiempo, pero nos permite conocer nuestro presente y entenderlo.
“La historia nunca se repite, creemos que lo que hagamos hoy tendrá incidencia en lo que sucede mañana, lo cual no es cierto”, afirma el académico.




