No debemos permitir que la Universidad transforme las diferencias disciplinarias en desigualdades institucionales.

El nuevo decano de la Facultad de Filosofía y Humanidades se refiere a su programa de decanatura, propuestas, proyecciones y búsqueda de consensos necesarios para el desarrollo de estas tareas.
Actualizado el 05-04-2011

Equipo Facultad Miércoles 16 de Noviembre, 2011
Recientemente elegido Decano de la Facultad de Filosofía y Humanidades, el académico del Instituto de Ciencias Sociales ingresó como estudiante hace más de 20 años a nuestra casa de estudios. Antropólogo, Magíster en Ciencias Sociales y Doctor en Antropología, junto con sus actividades de investigación en antropología e historia de la juventud y su producción creativa -como poeta y ensayista-, ha tenido un fuerte compromiso institucional, desempeñándose como Director de la Coordinación de Extensión de su Facultad entre los años 2004 y 2007 y Prodecano desde 2008 hasta marzo de 2011.
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En relación a su proyecto de decanatura se alude a un “nuevo trato” entre la universidad, las humanidades y las ciencias sociales, y específicamente, con nuestra Facultad. Quisiera ahondara en este aspecto.

Sí, una de las ideas fuerza de nuestro programa es lo que hemos llamado “un nuevo trato” por parte de la Universidad, de su gobierno universitario en relación a nuestra Facultad.  Hay evidencias objetivas –investigación, productividad científica, docencia y extensión- que nos indican que esta Facultad ha sido postergada desde el punto de vista material, organizacional y disciplinario para su desarrollo, pese a que las humanidades, la educación y las ciencias sociales, históricamente, fueron capitales desde la fundación de nuestra Universidad y colaboraron de manera protagónica en su expansión  y desarrollo. Sin embargo, esta Facultad ha estado excluida de muchos beneficios que la institución ha logrado obtener a lo largo de su historia y ha pagado altos costos, particularmente en estos últimos 40 años, como la expulsión de gran parte de su masa crítica –en 1973, 1981 y 1995- y procesos verticales y arbitrarios de reestructuración organizacional. Resulta paradójico, entonces, que la universidad se cobije identitariamente en las humanidades y ciencias sociales (capitalizando simbólicamente el nombre de algunos destacados colegas como Jorge Millas, Luis Oyarzún o Félix Martínez Bonati, entre varios) y por otro, desatienda nuestras disciplinas. Como lo expuse en mi candidatura, no debemos permitir que la Universidad –en particular y en general- transforme las diferencias disciplinarias en desigualdades institucionales.

¿Cómo se evidencian estas desigualdades en nuestra Universidad?

Puedo darle muchos ejemplos, partiendo por un hecho histórico que siempre me pareció paradigmático y que a mi parecer es un parteaguas de la relación que comienza a establecer nuestra universidad con las humanidades y las ciencias sociales, porque marca un cambio –quizás el de la sospecha y la postergación- para con nuestras disciplinas. Este hecho es la detención, encarcelamiento y expulsión de la Universidad en octubre de 1973, del Decano de la entonces Facultad de Filosofía y Letras Dr. Guillermo Araya, quien además era candidato a Rector de la Universidad, puesto que estaban pronto a celebrarse elecciones en las semanas posteriores al Golpe de Estado. Creo que desde allí en adelante – bajo distintas rectorías y en contextos políticos diferentes- se cristaliza un trato disímil al que vivenció, por ejemplo, Eleazar Huerta o Félix Martínez Bonati. Pero respondiendo directamente a su pregunta, actualmente esto se evidencia, por ejemplo, en la oferta de pre y postgrado y su correlación con nuestros cuadros académicos: somos una Facultad que ofrece 6 carreras de pregrado (con cerca de 1.300 estudiantes), 5 magísteres y 1 doctorado y nuestra planta académica no supera los 55 docentes. Esta demanda ha sido suplida sólo parcialmente por colegas adjuntos, con la precarización e inestabilidad que ello conlleva. Aún con esta demanda de trabajo nuestra productividad científica ha ido en aumento: lideramos el número de proyectos Fondecyt adjudicados por la Universidad el año recién pasado y hemos elevado sustantivamente la cantidad de publicaciones en revistas de corriente principal. Somos, y en esto no hemos reparado lo suficiente, una Facultad que edita tres revistas científicas indexadas ya ISI, SCIELO o LATINDEX y sostiene un trabajo de extensión y vinculación con el medio sistemático y de larga data. Tenemos una relación no instrumental con el medio, una vinculación que promueve la reciprocidad con una marcada vocación pública, labor que no ha sido suficientemente reconocida en los nuevos reglamentos de carrera académica, lo que debe ser corregido puesto que interpela el corazón de los estatutos y la misión de nuestra casa de estudios. Lamentablemente -y aquí otra muestra, quizás la más obvia-, nuestra Facultad, en estos últimos 40 años, es la única que no ha recibido apoyo económico de los gobiernos universitarios para la construcción de infraestructura mayor; la que tenemos, ha sido autogestionada. En fin, so pena de chauvinismo, creo que hay evidencias claras de nuestra posición subalterna en relación a otras macrounidades. Es importante señalar que, con más o menos matices, valoro enormemente la coincidencia de algunos de estos planteamientos con mi colega Rodrigo Moulian, quien representó legítima y coherentemente la otra candidatura, enarbolando la idea del respeto a la pluralidad científica y disciplinaria en la Universidad.

¿Cómo piensa resolver estas desigualdades?

La gestión de un nuevo trato implica un trabajo sostenido de diálogo franco y representación eficaz de nuestras demandas ante las autoridades, avanzando progresivamente en la corrección de estas desigualdades. Pero al mismo tiempo, supone sostener y dar continuidad al trabajo bien hecho que docentes y personal no académico ha venido haciendo hasta ahora. Las estrategias y formas de gestionar este nuevo trato, al igual que muchas de las ideas contenidas en mi programa -quiero aclararlo- supone un consenso amplio en la Facultad, es decir, someterlo a una segunda fase de legitimación en el próximo plan estratégico –a confeccionar este año- y en la discusiones de los cuerpo colegiados. Y aquí, actuar con celeridad es importante, puesto que hay suficientes indicios de malestar institucional que ha mellado la confianza y el clima laboral.

Uno de los puntos de la propuesta dice relación con la gestión de recuperación de las plantas académicas en las unidades con mayor demanda ¿cuál sería el objetivo final? ¿Contratar más profesores o los adjuntos que pasen a planta adjunta?

En este momento hay cierto desajuste económico que se ha evidenciado en la última planificación de los presupuestos para administrar la universidad y los reajustes se han orientado a disminuir el volumen de contrataciones. Sin embargo esto se justifica en las unidades que tienen una realidad muy distinta a la nuestra. En nuestra Facultad no tenemos, por ejemplo, personal técnico-profesional para atender nuestros laboratorios (radio, televisión, idiomas, etc.) cuya complejidad en su administración no dista en absoluto de los clásicos laboratorios de ciencias físicas y naturales. Sabemos que las actuales políticas de educación superior hacen vulnerable a nuestra universidad por el tipo de matrícula que tenemos, su ubicación geocultural y la enorme dependencia a los aportes fiscales directos. La contratación de  nuevos trabajadores y trabajadoras siempre resulta oneroso para las arcas de la universidad, no obstante, creo que tenemos razones suficientes y justificadas para que podamos avanzar en la incorporación de nuevos cuadros académicos, ya sea por la vía de la “reconversión” de profesores adjuntos a honorarios -que califiquen por sus perfeccionamientos y desempeño- o por la apertura de nuevas plazas en aquellas áreas más críticas. Así también vamos a bregar por incorporar plantas técnico profesionales y administrativas que históricamente han sido urgentes y necesarias. Reitero, entendemos que hay un contexto interno y externo que dificulta nuestras aspiraciones, pero resulta del todo injusto que los que hemos demostrado eficacia y eficiencia con muy pocos recursos, seamos los que salgamos desfavorecidos con estos reajustes.

También dentro de la propuesta se plantea un rediseño organizacional y la creación de institutos, usted realiza una comparación de la cantidad de institutos entre nuestra Facultad y otras, que cuentan con más institutos, más profesores, menos oferta de pre y postgrado menos estudiantes. ¿Cuántos institutos serían necesarios en esta Facultad para atender la demanda?

Las necesidades, aunque dinámicas, han mostrado desde hace algunos años cierta regularidad. Y eso tiene que ver con el aumento de la oferta de pregrado y postgrado y la incorporación de nuevos docentes a los Institutos, que han crecido rápidamente provocando problemas de administración y gobernabilidad. En este sentido, creo que se ha estado funcionando en un corsé organizacional que responde a una Facultad de hace 10 ó 15 años. Corsé  que fue impuesto externamente y de manera vertical en el proceso de reestructuración de 1995.  Esta reestructuración impuesta, implicó, por un lado, fundir institutos y áreas disciplinarias sin mayor afinidad y, por otro, coartar el desarrollo de áreas con un importante potencial futuro. Repensar nuestra orgánica se hizo necesario y quedó plasmado en el actual plan estratégico de nuestra Facultad, conformándose para ello una comisión que trabajó intensamente en diagnosticar las necesidades actuales desde el punto de vista organizacional. Mi percepción es que parece del todo evidente que debemos fundar al menos dos institutos que son precisamente los más numerosos y que concentran áreas disciplinarias que necesitan un desarrollo autónomo y que cuentan, para ello, con cuadros académicos muy calificados.

En el programa se habla de “conversaciones sociales por cambiar”. Quisiera que se extendiera un poco en ello.

Esta idea de transformar nuestras conversaciones sociales desde y sobre la Facultad tiene que ver, por ejemplo, con recuperar maneras de relacionarnos que nos aseguren una salud institucional acorde con una realización personal y colectiva al interior de la Facultad y la Universidad. Uno de los problemas fundamentales que ha ocurrido en nuestra Macrounidad es un recambio generacional abrupto, que ha impedido la reproducción de saberes organizacionales. Este recambio nos dejó vulnerables en cuanto a los conocimientos necesarios para la resolución de conflictos y tensiones. Los conflictos son inherentes a las organizaciones, el punto es que los saberes institucionales son los que nos permiten metabolizarlos. Somos una comunidad pequeña, por lo tanto muy frágil para enfrentar conflictos y crisis estructurales, de ahí que necesitemos cambiar y reanudar nuestras conversaciones sociales sobre éste y otros temas, que impliquen reaprender y preocuparnos seriamente por cómo nos relacionamos y cómo se hace posible la convivencia académica y un buen clima laboral.

En una parte de la propuesta hay una intención de integrar a los alumnos a los Consejos y Claustros académicos.

Eso es un mandato del Plan Estratégico aún vigente, que se elaboró teniendo en cuenta el claustro triestamental que se hizo a propósito de las movilizaciones estudiantiles de 2008. Esto debe ser revitalizado: fortalecer la triestamentalidad en todos los espacios donde sea posible, en los Consejos de Escuela -con mayor representación de estudiantes- y administrativos; el propio Consejo de Facultad, etc. Hay que volver a recordarles a las organizaciones estudiantiles –más allá de sus propias formas de representación- que estos espacios están abiertos.

Se menciona la urgencia de una editorial dentro de su programa ¿cuál sería el aporte de ésta a la universidad?

El tema editorial me ha penado hace muchos años. Desde hace tiempo que esta universidad ha desperdiciado la oportunidad de tener una editorial y una política editorial. Se han dado algunos pasos este último tiempo, pero insuficientes aún. En mi programa expongo la idea de crear una editorial, pensando en acelerar los procedimientos para su instalación. En este sentido, creo que la Facultad puede asumir parte de estas labores, ya sea en forma independiente o en forma cooperativa. Hace algunos días hemos hecho los primeros avances al respecto, estableciendo algunos acuerdos con Vicerrectoría Académica para acordar los caminos asociativos de la puesta en marcha de una Editorial. Lo que no puede seguir ocurriendo es la publicación atomizada y sin ningún tipo de criba editorial con el sello e ISBN de la Universidad. Ello dilapida recursos, desvaloriza los libros que se publican y no permite la necesaria recepción crítica e impacto en la comunicada intelectual nacional e internacional. La experiencia indica que una editorial resulta axial, no sólo por la imagen corporativa, sino porque promueve la creación, la producción y circulación de conocimiento y es una de las formas más efectivas de posicionar en la escucha social nuestros saberes, colocando nuestra masa crítica en conversación con otras.

Un aspecto que estuvo presente -de un modo u otro- en su candidatura fue su edad para asumir un cargo tradicionalmente destinado a los académicos “mayores” de la Institución. La propia Facultad desde su fundación y en sus distintas etapas, no había sido dirigida por un académico que tuviera menos de 40 años. ¿Entraña esto una dificultad? ¿Qué reflexiones caben en torno a esta singular situación?

Sí, efectivamente, esto constituyó una de las primeras dificultades para presentar mi candidatura. El propio término de “Decano” alude  al miembro más antiguo de una comunidad, en este caso universitaria y alterar de cierta forma el sentido de esta definición tuvo algunas complicaciones, pero fueron menores e iniciales y no constituyeron lo medular en la candidatura. Inhabilitar a alguien por su “dato” biológico – edad o sexo u otro-, resulta evidentemente discriminatorio y está en las antípodas de una Facultad como la nuestra. Creo que en conjunto entendimos que la “antigüedad” alude a la experiencia institucional, particularmente en la gestión, y no depende de las canas ni de la lozanía física. Por otro lado, y por lo mismo, no debe constituir este hecho motivo de vanagloria o inmodestia. Lo que debe importar es que formo parte de un equipo con experiencia en la gestión y, sobre todo, con un enorme compromiso y energía para emprender los desafíos que tenemos como Facultad.