{"id":18354,"date":"2017-05-29T17:59:13","date_gmt":"2017-05-29T21:59:13","guid":{"rendered":"http:\/\/humanidades.uach.cl\/respaldo\/?p=18354"},"modified":"2017-05-29T17:59:13","modified_gmt":"2017-05-29T21:59:13","slug":"perdices-perdigones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/humanidades.uach.cl\/respaldo\/2017\/05\/29\/perdices-perdigones\/","title":{"rendered":"Perdices &#038; perdigones"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/humanidades.uach.cl\/respaldo\/2017\/05\/29\/perdices-perdigones\/perdigones\/\" rel=\"attachment wp-att-18355\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-18355\" src=\"http:\/\/humanidades.uach.cl\/respaldo\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/Perdigones-250x185.jpg\" alt=\"Perdigones\" width=\"250\" height=\"185\" srcset=\"https:\/\/humanidades.uach.cl\/respaldo\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/Perdigones-250x185.jpg 250w, https:\/\/humanidades.uach.cl\/respaldo\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/Perdigones.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 250px) 100vw, 250px\" \/><\/a>En una conocida escena de <em>La mirada de Ulises<\/em>, el cineasta griego Theo Angelopoulos filma varios grupos de personas mirando la cordillera. El travelling los muestra quietos, a la espera; algunos con sus bolsos, otros abrazados o sencillamente acostados sobre la nieve. El contexto de la pel\u00edcula indica que son generaciones de viajeros que buscan una vida en los Balcanes. Parecen fantasmas, espectros de una espera ancestral e indeterminada. M\u00e1s que un periplo a la manera del fl\u00e2neur, correspondiente a las ciudades del centro de Europa, estos exiliados provienen de una devastaci\u00f3n. La niebla confunde el tiempo y, como en la novela autobiogr\u00e1fica de S\u00e1ndor M\u00e1rai, la familia de futuros fantasmas celebra todos los a\u00f1os de una vez, porque saben que es poco probable volverse a encontrar. Si extendemos la mirada de Ulises, actualmente estos emigrantes son los que intentan cruzar hacia la orilla de una Europa supuestamente civilizada y, en Latinoam\u00e9rica, algunos viajeros provenientes de pa\u00edses vecinos desean tambi\u00e9n ingresar parad\u00f3jicamente a Chile.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em>Perdigones<\/em> <\/strong>de Guillermo Riedemann da cuenta de esta \u00abhistoria\u00bb: es como si contara sue\u00f1os de un destierro, aunque no al modo del extra\u00f1amiento surrealista, sino como espectros que estructuran nuestra vigilia. La \u00abhistoria\u00bb parece articularse as\u00ed: entre los extrav\u00edos de migrantes que a menudo sucumben huyendo de la miseria, pero que de todos modos merodean <em>penando<\/em> la historia. \u00abPerdigones\u00bb significa tanto el ave como los balines de las escopetas. Puede usarse en este doble sentido: el viaje y la caza. Sin embargo, en el libro estas dos acepciones requieren de una precisi\u00f3n: presumen algo ocurrido, una guerra innominada que acab\u00f3 incorpor\u00e1ndose en la escritura de un sujeto an\u00f3nimo. Hubo una lucha, hubo una historia, quedan los desterrados. Una tercera acepci\u00f3n \u2014cuenta el poeta\u2014 es precisamente estar perdido. En <em>Perdigones<\/em> no existen nombres propios, pero s\u00ed cicatrices. M\u00e1culas de una batalla que se sigue gestando. Los viajeros no buscan lo inesperado de la modernidad o las fronteras de la vanguardia; perviven en un duelo que, a pesar de los s\u00edntomas de extrav\u00edo, explora escenas de felicidad en las im\u00e1genes de la memoria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La prosa po\u00e9tica permite una apertura hacia perspectivas que \u201cnarran\u201d oblicuamente el desastre. El traslado a la prosa no guarda relaci\u00f3n necesariamente con la an\u00e9cdota; como los \u00faltimos e incisivos libros de Ennio Moltedo, quien tambi\u00e9n opt\u00f3 por este estilo renovado en el siglo XIX gracias a Baudelaire, pareciera que el resquebrajamiento del verso \u2014su sonoridad y medida\u2014 abre posibilidades a una musicalidad de la derrota. \u00abSer\u00e1 todo tan normal que terminar\u00e1 por ser normal\u00bb, apunta de manera inquietante Riedemann, bajo la piel gruesa y cotidiana de la cat\u00e1strofe. En <em>La escritura del desastre<\/em>, libro escrito tambi\u00e9n en prosa y sin t\u00edtulos, Blanchot se refiere a la quietud del peligro, a la amenaza de lo inactual, al silencio de su desgarro. \u00abNo somos contempor\u00e1neos del desastre\u00bb, dice Blanchot. Sin embargo, se escribe. En la elecci\u00f3n por la prosa po\u00e9tica, <em>Perdigones<\/em> apunta de alg\u00fan modo a esta b\u00fasqueda de un ritmo desacoplado de la belleza armoniosa, aunque parad\u00f3jicamente recurra a ciertas escenas bellas. La devastaci\u00f3n contiene algo de espera; la prosa po\u00e9tica es el testimonio de su inminencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay dos figuras que me parecen significativas como modos de aguardar el despertar del duelo y que a su vez lo acompa\u00f1an, merodeando el periplo del viajero: por una parte, la mirada infantil o juvenil y, por otra, la insistencia en los animales (principalmente aves). La naturaleza no conforma una tierra ind\u00f3mita, sino que reafirma la ruina. Los cuervos se unen a los zorzales, tordos, cornejas y a los murci\u00e9lagos, desterrados tambi\u00e9n del entorno. En \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 miramos a los animales?\u00bb, John Berger afirma que antes del capitalismo del siglo XX, \u00ablos animales constitu\u00edan el primer c\u00edrculo de lo que rodeaba al hombre. Tal vez esto sugiera una distancia demasiado grande\u00bb. Es decir, los animales est\u00e1n igualmente exiliados; viajeros que inquietan al ser humano y esconden un secreto con la mirada. Como en <em>Perdigones<\/em>, est\u00e1n refugiados en el exilio, apartados y al mismo tiempo acompa\u00f1ando la experiencia de los que han sido cazados por la historia. La mirada juvenil (\u00bfde un adolescente?) recorre esta espera: regresa a escenas amorosas, las atesora en el paisaje interior que coincide con el sentido \u00faltimo del viaje. La inminencia de lo que puede venir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pensando en el primer poema, la devastaci\u00f3n interioriza la densidad, suspende al lector en el borde de la frontera: \u00abM\u00e1s all\u00e1 empieza el mar o termina la tierra. Ida y vuelta cruzan la frontera las ideas que ten\u00edas del principio y del final. El primero cada d\u00eda m\u00e1s lejos no obstante el retorno al lugar que permanece en el mapa, est\u00e1tico en el l\u00edmite amarillo de los \u00faltimos brotes de pasto que se hunde con dedos y ra\u00edces o es tragado por la boca del agua. El segundo cada d\u00eda m\u00e1s cerca, aunque esta idea depender\u00e1 del lado de la frontera, que no es lo mismo que el punto de vista o el cristal. Porque no miras ni quieres, en vuelo de vuelta y de ida, seguro de encontrar el borde exacto y suspenderte\u00bb. No es necesario recordar que tambi\u00e9n estamos hablando de Chile. Existen territorios denotados a lo largo del libro: la glorieta de La Reina, el Calle-Calle, por ejemplo, pero igualmente la Berggasse o la V\u00eda Apia; es decir, \u00ablas alturas de las ruinas bajo un sol inminente\u00bb. Astillas de una memoria fija en el espacio marcado por la barbarie.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero, \u00bfqui\u00e9nes son los b\u00e1rbaros? \u00bfLos que vuelven a la normalidad como si todo fuera normal, o los golpeados que \u00abno tomar\u00e1n las fotograf\u00edas\u00bb? \u00bfAquellos que \u00abresistir\u00e1n el fuego de gritos invisibles, sin hablar, sin rebeld\u00eda ante la tortura de los anfitriones\u00bb? Los desplazados no poseen el obturador de la historia; a menudo conforman el objeto de la c\u00e1mara, al servicio de los titulares. Con todo, ese es el lugar desde donde se ha escrito la poes\u00eda m\u00e1s interesante de las \u00faltimas d\u00e9cadas en Chile. En esas m\u00e1culas silenciosas, en prosa o verso, donde los signos se densifican. Y esta es la opci\u00f3n de Guillermo Riedemann. En vez de continuar la ruta ya ganada de cierta literatura norteamericana, convertida en Chile como referente exclusivo, prevalece un espesor equilibrado entre el filo de lo narrado y lo decible. Perdigones parece escrito en una zona fronteriza, mirando desde \u00abun ojo hu\u00e9rfano, un ojo derramado, el Campo de Marte tomado por inmigrantes\u00bb. El espesor proviene del reconocimiento de la violencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En \u00abLa poes\u00eda se vende\u00bb, Eugenio Montale cuenta que \u00abel c\u00f3mico Amerigo Guasti rechazaba el regalo o adquisici\u00f3n de libros en paquete cerrados, diciendo \u201cNo me f\u00edo, pueden ser versos\u201d\u00bb. La gente, cuenta Montale, estallaba en risa. Sin embargo, esta broma puede plantearse en Chile desde otro \u00e1ngulo. A pesar de los intentos de domesticaci\u00f3n, la escritura po\u00e9tica mantiene su fuerza actual en la respuesta a la violencia a la que ha sido sometido el pa\u00eds. \u00bfLa poes\u00eda, <em>a\u00fan<\/em>, no se vende? Por medio de la escritura, que no busca naturalizar el desastre, contesta con la fortaleza precaria del lenguaje a las agresiones de la historia. Habr\u00eda que pensar desde d\u00f3nde vienen actualmente los perdigones; cu\u00e1les son las fronteras a las hay que mirar y <em>todav\u00eda<\/em> seguir confiando en los regalos que puedan traer versos. Es posible que esta historia cambie, pero hasta el momento muchos poetas siguen dando cuenta del duelo y la espera del porvenir. \u00abPenan las \u00e1nimas. Tengo en mis manos un cartucho vac\u00edo\u00bb, dice en un fragmento Riedemann, y en otro que puede citarse como corolario: \u00abIncumplir la condena, resistir hasta encontrar el modo de llevar dentro aquella espesura (\u2026) Resistir hasta forjar un follaje de voces que apunte al centro, una trenza de manos y pies que paste sin pausa, y salten y corran para prolongar el universo\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Presentaci\u00f3n de <em>Perdigones <\/em>de Guillermo Riedemann en Librer\u00eda Qu\u00e9 Leo. Valdivia, 6 de mayo de 2017.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201c\u00bfAcaso no es la poes\u00eda un intento de enmendar un error?\u201d<br \/>\nMahmud Darwix, En presencia de la ausencia<br \/>\nPor Jorge Polanco Salinas &#8211; Publicado en http:\/\/www.letrasenlinea.cl <\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":18355,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[1,2456,1470,215],"tags":[2745,2746,2747,43,664,407],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/humanidades.uach.cl\/respaldo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18354"}],"collection":[{"href":"https:\/\/humanidades.uach.cl\/respaldo\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/humanidades.uach.cl\/respaldo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/humanidades.uach.cl\/respaldo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/humanidades.uach.cl\/respaldo\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=18354"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/humanidades.uach.cl\/respaldo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18354\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":18359,"href":"https:\/\/humanidades.uach.cl\/respaldo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18354\/revisions\/18359"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/humanidades.uach.cl\/respaldo\/wp-json\/wp\/v2\/media\/18355"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/humanidades.uach.cl\/respaldo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=18354"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/humanidades.uach.cl\/respaldo\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=18354"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/humanidades.uach.cl\/respaldo\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=18354"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}